martes, 8 de noviembre de 2016

Abstención descalificó a clase política


Ver los centros de votación casi vacíos en Matagalpa, donde vivo, me satisfizo.

Recorrí las calles y bastante gente me manifestó su inconformidad con el sistema político nicaragüense, no sólo antisandinistas también antiguos militantes del FSLN. Algunas amistades, en las Juntas Receptoras de Votos, me confesaron hubo votos válidos inferior a ciento cincuenta como promedio.

Me agradó porque fue una expresión cívica y no hubo violencia física, salvo algunas expresiones ofensivas en las redes sociales que, confieso, en algún momento provoqué consciente para observar reacciones culturales y medir cuánto hemos avanzado en la construcción del pensamiento respetuoso de otros criterios.

Sabía que Daniel Ortega y su esposa ganarían, por múltiples razones conocidas, principalmente el control que tienen sobre el Consejo Supremo Electoral y la ausencia de partidos opositores verdaderos, pero la expectativa estaba en la cantidad de personas opuestas al proceso amañado y a políticos desprestigiados.

No votar o anular la boleta fue una expresión superando el deseo de agarrar las armas para lograr cambios. La mayoría dijo basta de dictadura, basta de corrupción, basta de miseria. Un buen paso para continuar tratando de crear un país sin zánganos gobernando.

sábado, 5 de noviembre de 2016

No votaré


No representan mis intereses quienes compiten en las elecciones nicaragüenses del 6 de noviembre, somos ideológicamente antagónicos.

Ninguno es alternativa para el desarrollo del país, son continuadores del sistema caudillesco, feudal. Ejercen sus cargos practicando el poder político económico excluyente, para beneficio personal y de sus aliados.

Votar por el mal menor, es también una expresión de esa cultura complaciente con los poderosos, producto de considerar la corrupción un acto normal: Roba… pero reparte; son ladrones como los otros… no importa… nadie es perfecto… y si no roba por baboso ni dios lo quiere.