martes, 24 de agosto de 2010

Tomás Borge y la crítica en el Frente Sandinista


Tomás Borge, uno de los fundadores de la guerrilla sandinista, se refirió a la crítica en el FSLN, recordando a Carlos Fonseca, Jefe de la Revolución, quien siempre motivó a los sandinistas para que, argumentando “cara a cara mirando a los ojos”, respetuosos expresaran sus desacuerdos con directrices o actos inapropiados.

Tomás lo dijo durante un homenaje dedicado a él en Matagalpa, el 13 de agosto, con motivo de su octogésimo cumpleaños, explicando que la crítica debía ser constructiva, certera, sin dañar los sentimientos de los compañeros y éstos debían disponerse a escuchar para corregir.

Directamente, señalándolo con el dedo, se lo expresó al Secretario Político Departamental, Alcalde Municipal, y varios cargos, Sadrach Zeledón, a quien sus detractores le han creado fama de conducta centralizadora e infalible con los empleados, y tolerable con directivos del FSLN desprestigiados por actos que lesionan los principios sandinistas.

No sé si Tomás conoce las valoraciones sobre el regente departamental o se lo recordó para que siempre considerara atender a quienes exponen otro enfoque de los acontecimientos. Lo importante es el señalamiento en público, como una lección.

Crítica y autocrítica fueron primordiales para la superación individual, mejorar las relaciones sociales y la efectividad de las misiones, aun con las limitantes humanas de la individualidad y el verticalismo del mando guerrillero.

A pesar de abusos y errores cometidos con la práctica de reflexionar y proponer, el ejercicio facilitó la formación conceptual de revolucionarios y la corrección de insuficiencias personales y colectivas.

Si bien es cierto la crítica fue uno de los factores de división del FSLN en los años setenta, cuando incluso Carlos fue reprochado por los hermanos Ortega y otros mandos guerrilleros, y brotaron amenazas y sentencias de muerte, la autocrítica fue el camino hacia la unidad de las tres tendencias: Guerra Popular Prolongada, Proletarios, y Terceristas.

Durante los años ochenta, mal que bien la crítica y autocrítica favoreció la unidad en defensa de la revolución, avalando el método correcto, lo inadecuado como dijo Tomás son los señalamientos sin contribuir a la reflexión y más bien dañar.

La complejidad de valorar la opinión como perjudicial o correctora radica en la capacidad del crítico y del criticado, ambos deben superar la costumbre autoritaria de la verdad absoluta y la ofensa, y abrirse tal abanico a la diversidad de apreciaciones, sobre el fenómeno, expuestas con evidencias y cortesía.

Ahora no existen posibilidades de crítica

Muestra de la erradicación de la crítica en el FSLN es el manejo deficiente de la contradicción surgida después de la derrota electoral en 1990, no lograron limar asperezas, desapareció la dirección colectiva, inició el caudillismo, y ahora existen el Movimiento del Rescate del Sandinismo y el Movimiento Renovador Sandinista, más un no organizado movimiento de combatientes y colaboradores inconformes decididos a no volver a votar por Daniel Ortega.

Los danielistas pueden afirmar que esos inconformes no representan a nadie. Ese mismo argumento escuché en los setenta, cuando la división del FSLN, y luego tuvieron que retractarse y reconocer la soberbia y la incapacidad de entendimiento de los cuadros guerrilleros.

Eso recordaba cuando paradójicamente, Tomás en su discurso llamó traidores a sandinistas en desacuerdo con la conducción del FSLN, mencionando al Comandante de la Revolución Henry Ruiz “Modesto” y a la Comandante Guerrillera Dora María Téllez, “y otros que andan por ahí con los enemigos”.

Incluso aseveró que el Comandante de la Revolución Víctor Tirado, de origen mejicano, antes tercerista y ahora opositor al danielismo, “por bondad” de la revolución adquirió la nacionalidad nicaragüense, cuando en realidad Víctor se la ganó porque durante más de una década de guerrillero contribuyó a la victoria de 1979.

En los años setenta llamaban traidores a quienes exponían tácticas diferentes, Tomás así les califica ahora a sandinistas que proponen una conducción y un programa de gobierno distinto.

Olvidó que durante la división de ellos, cada uno de los dirigentes descalificaba a los de otras tendencias, actitud que por falta de coordinación en la clandestinidad costó la vida a comandantes “hermanos entrañables” valiosos en la lucha contra la dictadura somocista.

Hubiese deseado armonía en la arenga de Tomás, escucharlo llamando al diálogo, a la negociación con mesura y propuestas, a buscar la superación de las inconformidades políticas y unido el sandinismo mejorar la efectividad del partido y el gobierno.

Me habría gustado reconociera los errores debido al centralismo, el nepotismo, la corrupción, la opulencia, la ansiedad de riqueza, el servilismo, la injusticia con compañeros que dedicaron su vida a la revolución y sufren marginación y miseria.

Pero no, a unos pasos de donde yo estaba frente a él, Tomás se dedicó a ensalzar y justificar a Daniel Ortega, a llamar a la unidad aceptando todo lo que Daniel dice y hace, sin el sentido crítico con el cual inició su retórica.

Se extendió en loas a Daniel, a pesar de darse cuenta del endiosamiento promovido por Ortega, cuando Sadrach Zeledón, quien se ha mimetizado repitiendo el nombre de Daniel a cada rato, inició su discurso de bienvenida al cumpleañero diciéndole: “Aquí dejó el ombligo el comandante Daniel Ortega, perdón el comandante Tomás Borge”, pues éste nació en Matagalpa y Daniel en Chontales.

Sin embargo Tomás, con su oratoria gesticular, trató de justificar al Alcalde, aunque no pudo lavarle la cara ni él disimular el culto a la personalidad que se instaló en el Frente Sandinista despreciando la crítica consciente y argumentada para construir un ser y una sociedad libre de reverencias al poderoso.

jueves, 12 de agosto de 2010

Daniel Ortega no convence

Esa interrogante, en mí, ha permanecido desde 1996 cuando Daniel perdió las elecciones compitiendo con Arnoldo Alemán, un personaje evidentemente somocista, corrupto, antítesis del programa social, económico, político, del Frente Sandinista que se basó en las aspiraciones de la mayoría empobrecida y oprimida del país.

Temo sesgarme por mi antipatía hacia Ortega nacida, desde 1981, cuando conocí su actitud autoritaria en La Voz de Nicaragua, durante una asamblea con trabajadores donde yo era un novel periodista.

También he reflexionado sobre otra posible razón por la cual no me agrada Ortega, y es mi lectura del escrito de Carlos Fonseca: “Algunos apuntes sobre la montaña y la coyuntura actual”. Pues, Carlos Fonseca es la persona que más admiro y me convence en el sandinismo, sus escritos y ese en particular es una referencia esencial para comprender la actualidad del FSLN.

Quiere borrar a Carlos Fonseca

No me agrada Daniel porque imprime rótulos donde se coloca heredero, representante, descendiente, continuador de Andrés Castro, Rubén Darío, y Augusto C. Sandino. Hasta podría aceptarle que manipule las figuras, pero es irrespeto negar la imagen del Jefe de la Revolución como descendiente político de Sandino.

En 1994, un amigo, militante en el orteguismo, me confesó que Ortega y su grupo pensaban: “La única salida para estabilizar el país es aliarse con el somocismo, al cual el sandinismo no ha podido derrotar”.

El somocismo debía confiar en los directivos sandinistas. Pero aún aliado con algunos connotados somocistas, Daniel no alcanza mayoría de aceptación en las votaciones, debe ser porque representa absolutismo y represión, pues endiosamiento, religiosidad, reverencia, corrupción, lealtad, servidumbre, tal vez no desagradan tanto a la sociedad.

Temo me domine el nihilismo y observo las bondades del presidente Daniel Ortega: programas sociales destinados a los pobres, fortalecimiento del gran capital, y fortalecimiento de su grupo de seguidores cercanos.

Las personas no necesitan recibir “beneficios” condicionados, sino capital para desarrollar capacidades, competir en igualdad, y vencer la pobreza. No me satisface ese programa de desarrollo de Daniel, porque sigue aumentando el capital de unos pocos; a lo mejor no importa lo numérico sino la concepción capitalista y las influencias ideológicas de ese grupo de pocos.

Daniel Ortega lleva treinta y un años en el primer plano político de este país. Ha hecho y deshecho, mangoneado y amenazado, comprado y vilipendiado, es decir todo lo que molesta al sandinista que luchó por el cambio y sigue anhelando un país superior, en donde verdaderamente acabemos con la miseria.

Tampoco Daniel ha logrado convencer a los pobres nicas migrantes a retornar al país, y se convierta realidad el vencimiento de la miseria y vivir en mejores condiciones económicas.

Persiste favoritismo y corrupción

Pero, los ricos siguen siendo pocos. Daniel Ortega, y sus asesores, no han logrado convencer ni a la mayoría de capitalista ni a la mayoría de pobres para que superen el atraso.

Daniel Ortega sabe que su gobierno practica vicios administrativos de antaño, enriquecen a quienes danzan en el redondel presidencial y empobrecen a quienes no reverencian. Luego, el paso sería aniquilar a quien se volvió peligro.

Esas costumbres no me gustan, no les gustan a sandinistas que detestamos la corrupción, el servilismo, las humillaciones, la injusticia. A la militancia sandinista le importan esos conceptos, a las personas sensatas les preocupa la violación a la institucionalidad, la legalidad, y la ausencia de razonamiento.

La sociedad está cansada de pan y circo, limosna y represión, analfabetismo e irracionalidad. Y si no está cansada la sociedad, y me equivoco como suele suceder, pues yo deseo que Daniel Ortega no siga como Secretario General del Frente Sandinista de Liberación Nacional. No me convence, es conservador.

Daniel prefiere aliarse con quienes, en su mayoría, son objeto de comercio, oportunistas, y reprimir a quienes siendo sandinistas argumentan para que corrija sus desaciertos, o nada más considere opiniones diversas, o tan solo respete a cuadros del FSLN que han sido excluidos por autorización de personas inescrupulosas, desprestigiadas.

Daniel Ortega y sus asesores conocen muy bien, su aparato de seguridad es eficiente, dominan excelente información para corregir, pero han ingresado al manejo político financiero de antaño, me remonta a los años treinta del siglo pasado. El capital, unos pocos, negociando los destinos del país.

No aglutina las calidades del sandinismo

¿Cuál pueblo presidente? Daniel no ha sido capaz de aglutinar a lo mejor del sandinismo, y no lo digo por discriminación, pero la experiencia de luchadores es digna de ser escuchada en el FSLN. No es un acto formal, con los medios de comunicación, sino en sesiones de trabajo para estructurar una organización para el futuro, no del pasado.

El FSLN ha decrecido en calidad. Su política de renovación de cuadros, masiva, no resulta en superioridad conceptual. Mas bien la tendencia es hacia el activismo operario de las masas y la servidumbre fiel. Es casi imposible encontrar a un danielista que acepte otras visiones del mismo fenómeno.

¡Ah Daniel no tiene la culpa, es el neoliberalismo! - dicen sus fieles. ¡La culpa la tienen los traidores, vende patria! - gritan los orteguistas. ¡Uh, en este país la traición ha sido el pan de cada día, y se paga con la muerte! - recuerda la tradición.

Daniel a cada rato habla de traidores, lo mezcla con la reconciliación, y habla de dios, de Su Eminencia Reverendísima Cardenal, de la Virgen de Guadalupe quien le concedió el milagro de retornar a la presidencia del país, de Santo Domingo de Guzmán, Don Bosco, y de cada santo en todo el país, y se proclama cristiano.

Es traidor quien se niega a cambios conceptuales, y retorna a prácticas del pasado, a las presiones a empleados públicos. Es traidor quien se mimetizado en el monstruo contra el cual se combatió: poderío absoluto, amenazas, corrupción, servilismo.

Este Daniel es una verborrea compleja, es decir nada claro, y poco atractivo. Repite y repite la frase “Capitalismo Salvaje, a como dijo su Santidad el Papa Juan Pablo Segundo”. Pero entre sus colaboradores predomina una voracidad de riqueza que indigna por las actuaciones que derivan en injustas relaciones políticas, sociales, y económicas.

Esa deficiente oratoria de Daniel, es otra de las causas por la cual no me gusta. ¡Cansa! Son los mismos ejes, el mismo lenguaje, su misma concepción y práctica desde hace treinta y un años. Lo único que ha variado es su imagen física y el retorno de su alianza con un sector del capitalismo conservador y una parte de directivos de iglesias.

Finalmente no me convence su pretensión de caudillo, siendo el principal descontento, pues de su manía de permanencia (for ever) resultan los desaciertos descritos y el rechazo.

martes, 27 de julio de 2010

Doctorado Honoris Causa a Douglas Stuart Howay


Por decisión unánime de su cuerpo de dirección, la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN) le otorgó el Título Honorífico de Doctor Honoris Causa en Educación, el sábado 10 de julio en el “Auditorio Douglas Stuart Howay” del recinto universitario “Mariano Fiallos Gil” de Matagalpa.

Así, la academia le reconoce “su destacada labor como Docente e Investigador, su valiosa contribución a la formación de varias generaciones de Estudiantes y Profesores, su compromiso ético y aporte para el conocimiento y difusión de la Cultura Nacional y su desempeño Ciudadano y Luchador Social.”

jueves, 15 de julio de 2010

Mi expulsión del Colegio de Periodistas de Nicaragua

No me genera ira, ni tristeza, ni desmotivación, tampoco me considero excluido del oficio preferente en mi hacer, nada más siento compasión por quienes decidieron borrarme de la lista colegiada y quienes respaldaron el atropello, aún cuando por legalidad soy miembro fundador del Colegio de Periodistas de Nicaragua.

En situaciones peligrosas recuerdo a Nietzche, pues la ira me acercaría a la animalidad, la tristeza me inmovilizaría, y la compasión no permite sentirme inferior a los agresores.

Son treinta años, desde que asistía a la universidad, dedicado al periodismo, fundamentalmente para ejercer mi necedad de pensar y expresarme en público, regido por principios éticos y profesionales contribuyendo a la comunicación social, a la disertación con argumentos.

Mi formación en la casa, los colegios, y disciplina autodidacta, me llevó a constituirme en un ser político consciente. Decidí estudiar periodismo, adquirir destrezas que me permitiesen escribir coherente erguido como facilitador para que las personas no teman deliberar y pronunciarse en público.

El triunfo de la Revolución Popular Sandinista me motivó el periodismo. Consideré dedicar tiempo completo a contribuir con el histórico programa de gobierno del Frente Sandinista de Liberación Nacional, y con los deseos libertarios de un pueblo oprimido durante siglos de feudalismo, intervenciones militares y políticas de Estados Unidos, y dictadura militar.

Fui alumno, en aulas y oficinas de prensa, de prestigiados maestros, ellos me corrigieron cuartillas y conocieron mi rebeldía. Lo pueden testimoniar María Elena Artola Juárez, Raúl Arévalo Alemán, Yelba López Tablada, y Edelma Cruz, colegas que me instruyeron cuando fui reportero del Noticiero Monimbó en 1981 donde inicié mi vida laboral de periodista político, aunque lo correcto es afirmarme político haciendo periodismo.

En aquel entonces, Pepe Ruiz era el director de la radio, Denis Schwartz y Carlos Almanza locutores del noticiero, Paco Mejía conducía su estelar programa musical de los Beattles, Pepe Calero con su voz portentosa animaba. Iván Ulloa narraba deportes.

Transité fugaz por Radionoticiero Sucesos, y experimenté las exigencias de José Esteban Quezada, su director, uno de los mejores periodistas del país.

En La Voz de Nicaragua, en 1981 inicié la publicación de mis comentarios políticos en los noticieros, autorizado por Carlos Guadamuz, director de la radioemisora oficial de la Junta de Gobierno y Reconstrucción Nacional, quien durante años fue compañero de cárcel de Daniel Ortega. Me supervisaban Adrián Roque, jefe de prensa, y Teatino Santana, jefe de información. Me leían y sugerían Susana Mendoza, Gloria Cruz, Carlos Almanza, voces experimentadas en lectura de noticias, y radioteatristas.

Me orientaban y corregían César Cortéz Téllez, Roberto González Rocha, Abraham Quijano Macanche, Tacho Sánchez.

Guadamúz me seleccionó ir corresponsal de guerra al Río Coco, durante la sublevación llamada Navidad Roja (Diciembre 1981), nombrándome responsable de tres compañeros: dos locutores y un periodista.

Dejé mi familia, la universidad, la ciudad, para enfrentar a la muerte. Abandoné la posibilidad de convertirme en un periodista nacional estando cerca de las ventajas que crean la figuración pública y las que resultan del codeo con el poder político. Lo más que estaría en misión era tres semanas. Es penoso que no lo pueda corroborar el Comandante Guerrillero Marcos Somarriba: Voluntario me quedé cuatro años en Zelaya Norte, evadiendo emboscadas, morteros, bombardeos por tierra y mar, y otras vicisitudes. Por eso, en la zona, me nombraron jefe de medios de comunicación del FSLN y fundé y dirigí varios medios. El periodista y Comandante Guerrillero William Ramírez era mi jefe, conoció mi dedicación al trabajo, irreverencia y excentricidad.

No lamento, desde entonces enfrenté intrigas de quienes cerca del poder manifestaron lealtad sumisa a los jefes, algunos de aquellos con méritos pero ensombrecidos por su servilismo, de igual manera reté al autoritarismo, esa práctica que los políticos han convertido en cultura, un modelo conceptual de superioridad para unos e inferioridad para otros.

Así, después de salir de Zelaya Norte, solicité al FSLN irme a Matagalpa, a continuar recorriendo sendas de guerra, como miembro del Departamento de Agitación y Propaganda del partido.

Trabajando en Radio Insurrección seguí ideando ejes propagandísticos e informativos, divulgando las críticas y aportes de la población y mías, empeñándome en sostener la eficiencia aprendiendo diario, trabajando siempre. No importó vacaciones, ni días feriados, aun sin recibir salario acorde con mi responsabilidad profesional, mucho menos prebendas que siempre rechacé. Nada extraordinario, igual a miles de sandinistas que se liberaron de la opresión y se entregaron a la salvación de los oprimidos.

En 1990, con la derrota electoral del FSLN no me quedé con la radioemisora y sus bienes, ni con las cuatro o cinco licencias de operador de frecuencias radioeléctricas que el FSLN puso a mi nombre, me planté para que fueran propiedad de los trabajadores; sin embargo los directivos del FSLN en Matagalpa se opusieron, se la entregaron a la alcaldía ganada por la UNO, y maniobraron para nombrar director a una persona de su confianza que posteriormente desmanteló la radio y dejó en la calle a los trabajadores.

Debido a mi cargo de director de Radio Insurrección, soy miembro fundador de la Asociación de Profesionales de Radiodifusión de Nicaragua (APRANIC), propietaria de Radio La Primerísima que dirige William Grigsby Vado, y donde ha laborado como reportero, durante años, el actual presidente del Colegio de Periodistas de Nicaragua quien me borró de la lista de colegiados.

Ser periodista sandinista me llevó a decidir ser comentarista político (sin pedir salario) de Barricada, diario oficial del FSLN, para enfrentar al sistema reproductor de valores y actos con los cuales no estoy de acuerdo y son la causa de la miseria que sufre la mayoría de nicaragüenses. Eso lo sabe Tomás Borge, director en aquel entonces, Bayardo Arce, otros dirigentes del partido, y lectores de la Página de Opinión.

Cerrado Barricada, El Nuevo Diario recibe mis comentarios y los publica en la Página de Opinión, desde allí continué expresando mis criterios sobre la realidad del país, invariable a mis conceptos, a la libertad de pensar y escribir. Así como me opuse a las injusticias que cometían los gobernantes de derecha, igual critico los desaciertos de Daniel Ortega y sus seguidores.

Escribo esta larga relación entre política y periodismo porque me he dedicado a conocer y experimentar, con base en mis conceptos sandinistas, y el análisis de Marx, Engel, Ho Chi Minh, sobre la sociedad, y de Jung, Fromm, y Pavlov sobre los individuos.

Por mis principios no me gusta Daniel Ortega como líder del FSLN, desde 1981 le conocí en la sala de prensa de La Voz de Nicaragua, y desde entonces no me simpatiza, fue promotor de la represión contra compañeros periodistas ansiosos de aportar.

Lo reitero intentando que sus seguidores corrijan los desaciertos y los cuadros honestos luchen buscando asumir responsabilidades que les han cercenado los danielistas, y enrumben al país hacia el bienestar.

Por estar en descuerdo con Daniel Ortega maniobraron para que no fuese electo Presidente del Colegio de Periodistas de Nicaragua, por la misma razón me borran de la lista de colegiado, además por mis propuestas que demeritan lo actuado por el presidente del organismo y la expresidenta de la Comisión de Ética y Honor, actual Secretario de la Junta Directiva, Martha Marina González, diputada del FSLN y periodista.

Mi formación ideológica, sandinista, no concibe arrodillarme ante la represión. No olvido que se debe luchar contra las arbitrariedades y la corrupción. Tengo presente el rostro de amigos y amigas que murieron, y el de amigos y amigas combatientes que se runguiaron contra Somoza y enfrentaron la intervención de los Estados Unidos en los ochenta.

Mi trayecto lo conocen cientos de periodistas y trabajadores de medios de comunicación, que en alguna ocasión compartimos el trajín revolucionario, y lamentablemente, por asunto de espacio, no los puedo mencionar a todos y todas.

Por no aprobar a Daniel Ortega también boicotean mis escritos electrónicos, y presionan a organismos e instituciones para que no contraten mis servicios profesionales. Pero no me voy a silenciar, no sería yo una persona sumisa, servil, corrupta, injusta. Reclamo mi derecho a que me reintegren al Colegio y continúo ejerciendo mi derecho a publicar lo que pienso.

lunes, 21 de junio de 2010

El gravísimo atropello a Sergio Simpson y el insólito silencio cómplice de los colegas


Guillermo Cortés Domínguez

Es insólito que la mayoría de los participantes en el Congreso del Colegio de Periodistas de Nicaragua (CPN), no haya dado un paso al frente para que uno de sus colegas pudiera acreditarse y participar en esta importante actividad gremial. De 193 presentes, sólo 17 periodistas --ó 26 según Thelma Nidia Montiel-- tuvieron el decoro de tratar de impedir la injusticia de que al colega Sergio Simpson le cerraran las puertas del evento.

Sergio es periodista desde hace más de 25 años, fue acreditado como tal por el Colegio y en esa calidad participó en dos Congreso previos, y en el anterior fue uno de los tres candidatos a la presidencia, y perdió por muy pocos votos. Y es orgulloso portador del carné de periodista que extiende el CPN a los que cumplen con los requisitos de ley. Además, es miembro “ipso iure” del Colegio, calidad creada por la ley de colegiación que convirtió en colegiados automáticos a los miembros de ese entonces de la Unión de Periodistas de Nicaragua (UPN) y de la Asociación de Periodistas de Nicaragua (APN).

Con desfachatez y torpeza, la actual administración del Colegio le niega a Sergio su condición de periodista y de miembro del CPN, sin que hubiera habido de por medio un proceso de acuerdo al procedimiento que establece la ley, y con oportunidad de defenderse, luego del cual hubiera sido dado de baja o expulsado. Nada de esto. Sólo es la férrea voluntad tiránica de un pequeño grupo de los actuales directivos y miembros del Comité de Ética. Es decir, que sin ninguna razón y sin ningún mecanismo, cualquier periodista repentinamente puede ser privado de su condición de colegiado. Es lo que tristemente ha ocurrido con Sergio Simpson.

¿Cuáles son las razones que impulsaron a funcionarios del CPN a cometer semejante barbaridad? No lo sé, pero no hay que perder de vista que Sergio Simpson, de ideología sandinista, es uno de los principales críticos del partido de gobierno, y que buena parte de los miembros de la Junta Directiva y del Comité de Ética son militantes y miembros del Frente. Con las elecciones de este domingo, ahora una diputada del Frente, Martha Marina González, es directiva del Colegio, además que continúa presidiendo su Comité de Ética. Oficialmente se dice que Sergio no ha presentado sus papeles, pero entonces, ¿cómo antes sí estuvo inscrito, cómo pudo correr como candidato, y cómo pudo tener su carné?

Pero es más fácil que un grupúsculo cometa una injusticia a que lo haga toda una asamblea. ¿Qué empujó entonces a periodistas experimentados, de trayectoria, que hablan de ética y de honor, de unidad gremial y profesionalismo, a cerrar los ojos, y a no mover un dedo para que le fueran restituidos sus derechos al colega Sergio Simpson? Ahí estaban distinguidos colegas, hombres y mujeres, envueltos en su sentido de la dignidad y la justicia, dándole la espalda a un colega. ¿Cómo fue posible eso?

¿Cómo se explica que tantos periodistas hayan permitido una grave violación a la legalidad y al sentido común? ¿Cómo pudieron hacerse de la vista gorda con tan terrible exceso de unos funcionarios que actuaron como emperadores, ensañándose con un colega, probablemente por su beligerancia, a lo mejor por su claridad de ideas, por su crítica permanente?

Lo ocurrido se sale de toda lógica, porque el buen juicio, la sana crítica, el sentido gremial y corporativo, debió haber llevado a la mayoría de los colegas a respaldar a uno de los suyos, a un hermano, a un periodista que ha laborado por varias décadas en este oficio y profesión, y parte de ese tiempo, en condiciones de grave peligrosidad en la Costa Caribe en los años ochenta. Pero más bien prevaleció una incomprensible insensibilidad.

¿Cómo es posible que una mayoría tan representativa haya actuado de esa manera, tan pasivamente, cruzándose de brazos ante una tremenda arbitrariedad? ¿Qué fue lo que ocurrió? ¿Qué condiciones se dieron, se juntaron, para que triunfara la irracionalidad y la desvergüenza? Sergio no representaba ningún “peligro” para nadie, ni siquiera se había postulado para algún cargo, no encabezaba ningún movimiento, entonces, ¿por qué consideraron que se debía cerrar filas alrededor de una medida sin sentido, sin argumentos, sin base, más que el nefasto ejercicio absoluto de la autoridad totalitaria?

Es preocupante que la convocatoria al Congreso fuera desoída por la gran mayoría de los miembros del CPN, aunque no por Sergio Simpson, quien recorrió 130 kilómetros para venir a tan importante actividad en Managua, en cumplimiento de una obligación como miembro del Colegio, y como un derecho, mientras la mayoría de los colegados, quienes viven en la capital, ni siquiera se llegaron a asomar. Y luego el colega tuvo que desandar el camino cargando sobre sus flacas espaldas el desprecio de sus supuestos compañeros y bajo la tormenta diluvial que se desató sobre Managua y gran parte del país. ¿Qué pensará de sus colegas, de su gremio, de su Colegio?

Si somos entre 900 y 1,000 afiliados, entonces la asistencia al Congreso fue de entre el 19.3% y el 21.4%, lo que denota un enfriamiento en los ánimos gremiales, seguramente porque el recorrido del Colegio ha sido accidentado y errático. Pero esa minoría que actuó de manera tan homogénea y compacta para tratar de inflingirle una humillación a Sergio, seguirá haciendo de las suyas mientras la mayoría no se ponga de pie y actúe, y asista y se informe, y piense, y discuta, y decida, y vote.

En el Congreso, esa minoría se convirtió en una mayoría que no tuvo el mínimo de lucidez para distinguir entre el bien y el mal, para identificar la bárbara injusticia. Al menos se hubieran percatado los compañeros de que a cualquiera de ellos le podría pasar lo mismo: súbitamente, como puesto manos arriba en un asalto a mano armada, perder su condición de colegiado, sin importar que hubiera participado en varios congresos y que tuviera su carné emitido por el propio Colegio. ¿Acaso ninguno pensó que esa mala jugada también se la podrían hacer en cualquier momento? Recordemos aquella frase de que cuando los represores vinieron por mis vecinos, yo no dije nada, y cuando vinieron por mí, ya no había nadie para protestar por ello.

Quienes de pronto se vieron cegados y nublada su mente, este domingo despertaron en sus casas, fueron al baño y se vistieron, seguramente besaron a sus hijos o nietos y a la esposa o esposo, desayunaron y quizás vieron el primer partido de fútbol de la jornada. Quienes ahogaron sus voces y no pusieron en alto su brazo para que Sergio fuera reintegrado, de seguro les hablan a sus hijos de honestidad y responsabilidad. No son seres de otra galaxia, pero en el Congreso se comportaron como si no fueran lo que se supone que son. No fueron como el combativo Rolando Cruz, quien hizo oír su voz vibrante y rotunda, en defensa de los derechos de Sergio Simpson.

¿A qué obedece que un grupo de periodistas mayores de edad, experimentados, con trayectoria gremial, algunos participantes del Periodismo de Catacumbas”, luchadores contra la dictadura somocista, haya actuado tan alejado de la realidad? ¿Cuál es la causa de ese comportamiento no solidario? ¿Por qué si conocen que en realidad Sergio Simpson es periodista, si ellos saben que no es un impostor, entonces por qué aceptaron la impostura de su expulsión?

Si los periodistas somos parte de un gremio, si tenemos identidad gremial, si los intereses del gremio deben ser lo principal de nuestro quehacer profesional, sólo una fuerza extraña puede provocar que nos comportemos de forma anti gremial y anti fraterna. Sólo una fuerza extraña puede hacer que depongamos nuestros genuinos intereses como periodistas. Una fuerza extraña que llevó al Congreso una consigna que tuvo una fuerza avasalladora, y que el plenario convirtió en una orden a acatar sumisamente. Lo sucedido con Sergio Simpson es una clarinada de alerta. Hay que recuperar nuestra identidad de periodistas y nuestro sentido de la gremialidad. Y que jamás vuelva a ser atropellada la dignidad de un periodista como ocurrió este domingo en el Congreso del CPN.


lunes, 17 de mayo de 2010

El Ojo Revelado de Guillermo Rothschuh


Es placentero y mucha responsabilidad referirme a Guillermo Rothschuh Villanueva, y su libro “Los Medios: El Ojo Revelado”, pues durante casi un cuarto de siglo me ha incitado con sus pláticas y escritos a continuar reflexionando para vencer la insuficiencia, alentándome a coordinar horizontalmente medios de comunicación, emitir información veraz y juicios sustentados conservando preceptos éticos.

Este libro es su décimo séptimo publicado, lo cual refleja la permanente investigación del autor, dedicado al estudio de los fenómenos de comunicación social en todos sus ámbitos: conceptual, educativo, jurídico, político, cultural, económico, tecnológico, histórico, práctico, oficioso o profesional.

El punto de partida Guillermo lo define: “La democratización de la sociedad nicaragüense pasa invariablemente por la democratización de las comunicaciones. Sería ser ilusos si se pensara de otra manera.”

Y nos advierte: “Nadie puede llamarse a engaños. El tema de la comunicación compete a todos. Sin los medios es impensable hoy en día la democracia y la existencia de una libertad de expresión saludable... (pues es) raíz primaria de las demás libertades del ser humano”.

En Nicaragua ha sido permanente la lucha por la democracia, el periodismo no ha estado fuera de ella aún en los momentos más duros, Guillermo bien nos memora la historia de “un periodismo combativo y heroico, que ha sobrevivido a cierres, acosos, cárceles, confiscaciones, exilio y muerte”.

El autor reseña la historia de lucha del periodismo al lado del pueblo a tal grado que el pueblo “generoso hacía entrega de módicas sumas” de dinero, para pagar las cuantiosas multas que la dictadura somocista aplicada a los periodistas y medios opositores, principalmente las radios que en ese momento “se utilizaban como arma de combate” contra el somocismo.

Era el arma de la palabra criticando corrupción y atrocidades, la palabra emitiendo noticia veraz, la palabra del pueblo a través de los medios, sin miedo o con miedo batallando para liberarse de la opresión, y gozar de la libertad de expresarse para sentar las bases de un Estado democrático.

En esa batalla por la liberación, Guillermo nos recuerda que los gobiernos otorgan las pautas publicitarias con fondos del erario “para premiar a los aliados, para cooptar a los indecisos, y para castigar a los adversarios. Un círculo maldito que pareciera no tener fin”.

Sin embargo, la pelea por la libertad de expresión y prensa no se confina al espacio político gubernamental, en todas las épocas y gobiernos, llámense conservadores, liberales, revolucionarios, o democráticos, también la gran empresa privada es partícipe de la represión.

Guillermo señala que “los empresarios se han lanzado al asalto”, están ampliando su poderío adquiriendo medios de comunicación, acusando a periodistas y otros medios de “entorpecer sus grandes negocios”.

Guillermo afirma: “Colocados en una posición similar a la asumida por los gobiernos, los empresarios no entregan publicidad a los medios que cuestionan su actuación, además de bloquearles el acceso a la información. La libertad se ve menoscabada. Sufre el embate de gobiernos y empresarios. Sobre su cuello pende la asfixia económica y el acoso político”.

El contexto en el cual nos desenvolvemos es peligroso, pues los periodistas y medios, nos vemos asediados por dos poderes devastadores, atentando contra la libertad de expresión y de prensa, y por tanto contra la sociedad y la creación de un Estado democrático.

El autor, por esa razón, analiza las consecuencias de las concesiones de licencias a empresas transnacionales y nacionales, que tienden al monopolio mediático, a la transculturación, donde la información se vuelve una mercancía desplazándola como bien social, pues los empresarios y políticos dueños de medios “corrompen y desvirtúan los alcances de la libertad de expresión”.

Guillermo, nos llama a recapacitar lo que vivimos: “Hoy en día, vale más el concepto de libertad de expresión comercial, que el concepto de libertad de expresión en su sentido lato”. Y nos alerta que “el ciudadano común y corriente, en nombre de quien y para quien se conquistó esta libertad, cada vez tiene menos acceso a ciertos medios” para reclamar sus derechos ciudadanos.

A propósito me extendí en el tema de partida, que sintetiza las aspiraciones y acciones históricas de nuestra sociedad de la cual es parte activa el periodismo, sobre todo porque Guillermo no sólo escribe historia, sino que reflexiona, nos anima y orienta, pues como él dice:

“La situación que atraviesa Nicaragua en materia de libertades públicas, exige la defensa cerrada de la libertad de expresión, como un imperativo ineludible de los tiempos actuales. La autonomía relativa de los medios, se convierte en una condición sine qua non para enfrentar estos asedios”.

Podría parecer que me centré en la catástrofe, sin embargo quiero decirles que Guillermo nos vivifica al condensar la fortaleza que caracteriza a la prensa nacional y la sociedad nicaragüense, cuando sentencia:

“Nadie puede descorazonarse. Mientras existan en la sociedad personas preocupadas por defender y ensanchar los espacios de libertad, las pretensiones por acaparar los medios, silenciarlos o cooptarlos, se vuelve estéril. Los medios de comunicación tienen una vocación libertaria. Ni los políticos, ni los empresarios, ni los militares, han podido doblegar la cerviz de los periodistas.”

Con los acontecimientos bélicos por confrontaciones políticas, por las ansias del poder absoluto pretendiendo dominar a la sociedad, está demostrada la dignidad de un periodismo que no se calla, que se arriesga, y es la voz del pueblo que sigue luchando por su libertad.

Pero “El Ojo Revelado”, abarca cinco capítulos, donde aborda la influencia de los medios en los aspectos educativos sobre el idioma y la pedagogía; la trascendencia de la televisión y la tecnología en los tiempos actuales; los medios y la política a través de los medios; reseña la participación de medios de comunicación, periodistas, artistas, publicistas trascendentes en la vida nacional; la integración de las mujeres y la niñez en los medios de comunicación social; y finalmente no detalla los compromisos actuales de los medios y los periodistas.

Es decir, este no es un libro exclusivo para periodistas o comunicadores, sino para los nicaragüenses interesados en recapacitar sobre lo actuado y comprometidos con la libertad, con el Estado de derecho, y la construcción de una sociedad equitativa.

De sus recomendaciones conclusivas, elementales como todo el libro, quisiera referirme, sin embargo prefiero que las personas se interesen en buscar el texto.

Para finalizar, nada más deseo destacar que es difícil encontrar vacíos en los análisis de Guillermo, el único es no abordar aún el rol de los medios y los comunicadores fuera de Managua, a pesar de que en los años ochenta como asesor de la Corporación de Radiodifusión del Pueblo, recorrió el país y confirmó la cercanía del periodismo y los medios con la población en la localidad, que muchas veces aventajaba en audiencia a los medios de cobertura nacional. Estoy seguro, es una tarea pendiente. Por eso recorre los viejos caminos presentando su obra reciente, conversando y aprendiendo, apuntando a su próxima publicación.

Daniel Ortega y la violencia como método político

El presidente Daniel Ortega, Secretario General del Frente Sandinista, continúa mandando la violencia como método para la negociación política, sumergido en una concepción que nunca superó y sigue provocando heridas corporales y sicológicas a los nicaragüenses que no comparten sus criterios.

La reiterada hostilidad de Ortega mantiene angustiada a la sociedad que desea vivir en paz, trabajar implementando sus capacidades, y progresar. Creo que nada más aquellos que no pueden valerse o menosprecian las habilidades intelectuales o laborales son quienes comparten y participan en la barbarie.

Aunque es posible, también a ciertos profesionales danielistas les encanta la violencia para sacar el adefesio que mantienen en el subconsciente o en la intimidad de sus relaciones, en la memoria de sus frustraciones o en sus aspiraciones de superioridad.

Un ser violento desconoce el potencial de la razón, por tanto es incapaz de dialogar y consensuar considerando la diversidad de ideas y aspiraciones para construir la sociedad anhelada por nicaragüenses que arriesgaron o entregaron su vida por la justicia social y su principal exponente: la libertad de pensar y actuar éticamente.

Durante casi treinta y un años de vida política pública, Daniel Ortega ha manifestado su obsesión autoritaria, el engreimiento de quien manda para que le obedezcan a ciegas, sin aceptar argumentos que le contradigan lo mínimo. Su habilidad es imponerse, conceder prebendas a servidores fieles a su persona no al partido.

A veces, siento lástima por aquellos sandinistas que contribuyeron a endiosar a alguien cuyos méritos no son relevantes en comparación con otros, con quienes se entregaron a la lucha revolucionaria convencidos de que los cambios en las relaciones de poder eran necesarios para vivir en equidad.

Sin embargo, me convenzo que no debo sentir pena por aquellos, pues las equivocaciones son superables, y muchos sandinistas combatientes han reflexionado y son capaces de argumentar conscientes de que la violencia política solamente está justificada como método de lucha para defenderse de agresiones militares.

Pero no estamos en guerra, y más bien queremos convenios políticas en beneficio de la sociedad empobrecida. Si Daniel Ortega manifiesta que la oposición boicotea la gestión gubernamental su deber es explicar a la sociedad, con argumentos y no con ofensas, amenazas, y agresiones físicas.

El sandinista, por principios, convence con palabras y actos, es consecuente, no demagogo ni manipulador. Sin embargo, vemos en Ortega y sus seguidores la promoción de valores antisociales, los mismos que llevaron al pueblo a levantarse en armas, múltiples veces, contra la dictadura somocista.

No es posible aceptar acciones violentas contra opositores, la mayoría de la sociedad rechazó esos actos y se rebeló, contra la dinastía Somoza, primero, y contra la Revolución Popular Sandinista, después.

Debe ser que Ortega no experimentó esos malestares de rebeldía callejera. Pero, aún cuando no haya sido partícipe, la historia demuestra que este pueblo nada más ha optado por la sublevación porque no tiene posibilidades de reclamar cívicamente.

La violencia política genera violencia. Además incide en el estado de ánimo de las personas y se refleja en los hogares y en el trabajo. Una de las causas de nuestra miseria es la discordia, la falta de respeto a la diversidad de opiniones. Por eso en esta sociedad la agresión es permanente. Las estadísticas reflejan el martirio de mujeres e infantes. Aunque aún divulgamos muy poco el acoso que viven los empleados públicos.

La reciente batalla con piedras, morteros, pistolas, entre estudiantes de la Universidad Nacional Autónoma, en Managua, muestra episodios que pueden provocar la muerte a quien piensa diferente. Ellos son producto del ejemplo que brindan los políticos para dirimir desacuerdos.

Daniel Ortega con ese discurso cansado, reiterativo, ofendiendo, alimenta conceptos y actitudes en perjuicio de la sociedad. Siempre ha sido así. Jamás, que recuerde, ha emitido orientaciones para el análisis y contribuir a convertir nuestra cultura retrógrada.

VULGARIDAD Y VIOLENCIA EMPODERADAS

Niña durmiendo en el parque Rubén Darío, Matagalpa, porque huyó de la violencia en la casa donde habita.   El lenguaje soez cotidiano no mer...