¡Picodeoro? Ni quiera la araña peluda. Rapidol nos atipuja con una sarta de
cuentos que al leerlos creemos que son totalmente ciertos, peor si estamos con
unos cuantos piquinyukis entre pecho y espalda oyéndolo con su voz de locutor
radiofónico esculpida en la escritura.
Su infancia habitando en Casa Parroquial, donde el tío padrino lo entrena
para que alcance bienandanzas, quizá santidad enfrentando pecados, escuchando
premoniciones inquietantes y presagios adversos. ¡Se lo pudo haber llevado el
Diablo! pero ni ese lo doblegó, él no creía en su liderazgo, Rolando Alfonso ha
sido bendecido y devoto de la iglesia católica romana.
A los curas vemos presente en las historias de Rolando Alfonso educado por
sacerdotes, activo en liturgias y procesiones y extremaunciones, aprendiendo
del padre Chon, de comportamiento muy particular, y que éste para no heder
expeliendo sudor envuelto en sotana se untaba limón en los sobacos, otros se
embijaban un puñado de cal.