miércoles, 29 de julio de 2026

¡ENVIDIOSOS!

 

    Es innegable, el humano adquiere información genética al mismo tiempo que vida, sus caracteres primarios se fortalecen en su entorno durante el crecimiento infantil o bien pueden desaparecer o minimizarlos o controlarlos, según la educación recibida.

    En el caso de la envidia, es probable que coexista tan arraigada desde sus antepasados y es imposible erradicarla en ciertos seres, como se dice popularmente “la traen en la sangre”.

    Quizá con un cambio total sanguíneo podrían abandonar esa herencia que les infecta el organismo creándoles padecimientos malévolos y un cerebro incansable maquinando hostilidad.

    A los envidiosos los identificas fácilmente, denotan sus intenciones, tratan de difamar a quien observan superior -aunque a éste no le interese el estatus-, y el cuerpo evidencia el deterioro que les carcome en las entrañas.

    Científicamente comprobado está el perjuicio a la salud mental y física por la ansiedad que los conduce al estrés, anhelando los éxitos de aquellos que son admirados por sus buenas o malas acciones.

    Los envidiosos, en tanto inferiores, transcurren adoloridos porque otros logran lo que ellos no obtienen, es la frustración de la deficiencia en el ámbito en el cual se desempeñan, sin ser algunos totalmente brutos, se asocian con otros de su calaña porque se saben desplazados por quienes resultan más eficientes.

    Aunque existen eficaces envidiosos, con bienes y poder queriendo más, en la generalidad de los casos la concepción del inteligente experimentado radica en sobrepasarse a sí mismo y contribuir con el crecimiento de los demás, sin enfrascarse en competencias con la manada.

    No es descabellado vaticinar que en la lenta evolución de la especie vayan desapareciendo esos prototipos de la naturaleza fallada, aunque faltan miles de años.

    Miércoles 29 julio 2026


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