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Niña durmiendo en el parque Rubén Darío, Matagalpa, porque huyó de la violencia en la casa donde habita. |
El lenguaje
soez cotidiano no merece ser considerado folklórico ni identidad cultural,
tampoco jocosidad, es agresivo destruyendo la salud mental y demasiadas veces
precursor de golpes y crímenes.
Personas con baja escolaridad y
quienes se autoproclaman instruidas expresan léxico prosaico, entre pobres y
adinerados se propaga como la peste, afecta la formación psicológica del
infante creándole traumas y conducta disfuncional que persisten durante sus
relaciones sociales adultas.
De generación en generación se ha
transmitido la vulgaridad y la violencia, pocos mamíferos humanos se han
desprendido de ella o no se dejan cooptar; la mayoría las saborea, masivamente
se involucra atacando a quien es distinto en muchos aspectos o similar en
aspiraciones.
Calificativos despectivos, voces
amenazantes, producto de la ira y el terror alimentando el círculo en el que se
desenvuelven víctimas-victimarios; franquean la naturaleza de las personas y
las emociones atrofiadas que les pesan.
Cualquier disertación o acto,
equivocados o certeros, es motivación escandalosa para exponer la esencia de la
bajeza, no de la capacidad cerebral argumentando validando o corrigiendo, ni
proponiendo.
Ruindades y golpizas engendran algarabía
en miles de protagonistas y espectadores; desgraciadamente aparecen por
distintas vías de comunicación, aunque los evitemos.
Lunes 3 agosto 2026
***Fotografía de niña durmiendo
en la calle. En la casa donde habita padece violencia verbal y física, por eso
huye.
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