Vemos nicaragüenses contentos con la corrupción, logran ingresos económicos y posición social, son admirados por su habilidad de obtener o aumentar fortuna protegidos por el sistema político.
Esas personas son reverenciadas, viven rodeadas de serviles que reciben alguna dádiva y soportan que los avasallen, no se indignan del mal trato ni resienten sentirse inferiores ante el opulento mafioso.
Una persona vale por la cuantía que almacena y ostenta, no importa cuan ilegal sea su proceder, la prioridad de muchos nicas es ganar más dinero en las transacciones amparados con la impunidad. Tal como afirma mi amigo campesino: La corrompición es una chanchada.





