En un suceso
extraño, muy extraño, involuntario me impliqué una semana atrás y no logré
esclarecerlo ni sacarlo de mi cabeza.
Ese día
aprovecharía treinta dólares cobrados por un pequeño trabajo, facilitándome un
leve alivio. Salí de mi encierro a imprimir el último libro concluido, para
corregirlo en papel.
Legajo en mano fui
por cerveza bien fría, a sentarme en una taberna donde frecuento debido a la
excelente atención, concentrado en las palabras, sin enterarme del entorno con
pocos bebedores y música tolerable a bajo volumen programada por la
administración de buen gusto.
Al poco rato
escucho lloriqueo:
- ¿Por qué me
cortaste mi amor?
Sigo atento a lo
mío, en mi escenario creado, tachando y sustituyendo vocablos, inmerso en
párrafos el cerebro emana felicidad. Sin embargo, posteriormente fue inevitable
oír la canción sonando alto.