

Tomás lo dijo durante un homenaje dedicado a él en Matagalpa, el 13 de agosto, con motivo de su octogésimo cumpleaños, explicando que la crítica debía ser constructiva, certera, sin dañar los sentimientos de los compañeros y éstos debían disponerse a escuchar para corregir.
Directamente, señalándolo con el dedo, se lo expresó al Secretario Político Departamental, Alcalde Municipal, y varios cargos, Sadrach Zeledón, a quien sus detractores le han creado fama de conducta centralizadora e infalible con los empleados, y tolerable con directivos del FSLN desprestigiados por actos que lesionan los principios sandinistas.
No sé si Tomás conoce las valoraciones sobre el regente departamental o se lo recordó para que siempre considerara atender a quienes exponen otro enfoque de los acontecimientos. Lo importante es el señalamiento en público, como una lección.
Crítica y autocrítica fueron primordiales para la superación individual, mejorar las relaciones sociales y la efectividad de las misiones, aun con las limitantes humanas de la individualidad y el verticalismo del mando guerrillero.
A pesar de abusos y errores cometidos con la práctica de reflexionar y proponer, el ejercicio facilitó la formación conceptual de revolucionarios y la corrección de insuficiencias personales y colectivas.
Si bien es cierto la crítica fue uno de los factores de división del FSLN en los años setenta, cuando incluso Carlos fue reprochado por los hermanos Ortega y otros mandos guerrilleros, y brotaron amenazas y sentencias de muerte, la autocrítica fue el camino hacia la unidad de las tres tendencias: Guerra Popular Prolongada, Proletarios, y Terceristas.
Durante los años ochenta, mal que bien la crítica y autocrítica favoreció la unidad en defensa de la revolución, avalando el método correcto, lo inadecuado como dijo Tomás son los señalamientos sin contribuir a la reflexión y más bien dañar.
La complejidad de valorar la opinión como perjudicial o correctora radica en la capacidad del crítico y del criticado, ambos deben superar la costumbre autoritaria de la verdad absoluta y la ofensa, y abrirse tal abanico a la diversidad de apreciaciones, sobre el fenómeno, expuestas con evidencias y cortesía.
Ahora no existen posibilidades de crítica
Muestra de la erradicación de la crítica en el FSLN es el manejo deficiente de la contradicción surgida después de la derrota electoral en 1990, no lograron limar asperezas, desapareció la dirección colectiva, inició el caudillismo, y ahora existen el Movimiento del Rescate del Sandinismo y el Movimiento Renovador Sandinista, más un no organizado movimiento de combatientes y colaboradores inconformes decididos a no volver a votar por Daniel Ortega.
Los danielistas pueden afirmar que esos inconformes no representan a nadie. Ese mismo argumento escuché en los setenta, cuando la división del FSLN, y luego tuvieron que retractarse y reconocer la soberbia y la incapacidad de entendimiento de los cuadros guerrilleros.
Eso recordaba cuando paradójicamente, Tomás en su discurso llamó traidores a sandinistas en desacuerdo con la conducción del FSLN, mencionando al Comandante de la Revolución Henry Ruiz “Modesto” y a la Comandante Guerrillera Dora María Téllez, “y otros que andan por ahí con los enemigos”.
Incluso aseveró que el Comandante de la Revolución Víctor Tirado, de origen mejicano, antes tercerista y ahora opositor al danielismo, “por bondad” de la revolución adquirió la nacionalidad nicaragüense, cuando en realidad Víctor se la ganó porque durante más de una década de guerrillero contribuyó a la victoria de 1979.
En los años setenta llamaban traidores a quienes exponían tácticas diferentes, Tomás así les califica ahora a sandinistas que proponen una conducción y un programa de gobierno distinto.
Olvidó que durante la división de ellos, cada uno de los dirigentes descalificaba a los de otras tendencias, actitud que por falta de coordinación en la clandestinidad costó la vida a comandantes “hermanos entrañables” valiosos en la lucha contra la dictadura somocista.
Hubiese deseado armonía en la arenga de Tomás, escucharlo llamando al diálogo, a la negociación con mesura y propuestas, a buscar la superación de las inconformidades políticas y unido el sandinismo mejorar la efectividad del partido y el gobierno.
Me habría gustado reconociera los errores debido al centralismo, el nepotismo, la corrupción, la opulencia, la ansiedad de riqueza, el servilismo, la injusticia con compañeros que dedicaron su vida a la revolución y sufren marginación y miseria.
Pero no, a unos pasos de donde yo estaba frente a él, Tomás se dedicó a ensalzar y justificar a Daniel Ortega, a llamar a la unidad aceptando todo lo que Daniel dice y hace, sin el sentido crítico con el cual inició su retórica.
Se extendió en loas a Daniel, a pesar de darse cuenta del endiosamiento promovido por Ortega, cuando Sadrach Zeledón, quien se ha mimetizado repitiendo el nombre de Daniel a cada rato, inició su discurso de bienvenida al cumpleañero diciéndole: “Aquí dejó el ombligo el comandante Daniel Ortega, perdón el comandante Tomás Borge”, pues éste nació en Matagalpa y Daniel en Chontales.
Sin embargo Tomás, con su oratoria gesticular, trató de justificar al Alcalde, aunque no pudo lavarle la cara ni él disimular el culto a la personalidad que se instaló en el Frente Sandinista despreciando la crítica consciente y argumentada para construir un ser y una sociedad libre de reverencias al poderoso.