miércoles, 1 de diciembre de 2010

Navidad

En un pueblo del norte, en las colinas, a media noche, el viento frío soplo de angustia expande los gemidos de la Llorona, quien recorre las polvosas calles del caserío de adobe; luce cabello luminoso entrecano hasta la cintura y el rostro níveo de expresión lúgubre.

El cadejo negro sigue de cerca las huellas de un beodo temerario, por el camino yerto, flanqueado por frondosos chilamates oscurecedores de la marcha.

La carretanagua con sus ejes resecos emite sonidos maléficos. Turban el pecho del vecino. El se persigna. Asustado, rápido riega agua bendita. Repone la ristra de ajo envejecido en el dintel principal, enciende velas frente a las estatuas de yeso y estampas de papel, y se arrodilla con el rosario en las manos.

Los duendes, con su atuendo rojo, emanan de la tierra. Se supone que vienen a burlarse y apedrear las habitaciones de los arteros, las putas, ladrones, y demás pecaminosos.

Los búhos aletean despavoridos entre las ramas. Los perros aúllan como los coyotes y corren erizos con el rabo entre las piernas; buscan un rincón que los proteja del viento furioso escoltado por ruidos sepulcrales. De las tejas caen alacranes con la cola erecta, y picotean frenéticos lo que obstaculiza su paso. Las ratas saltan por las paredes; denotan demencia sus malabares y los ojos extraviados. Los gallos se lanzan de los árboles, y las gallinas cacarean a pesar de la oscuridad. El ganado vacuno muge, tintineando el cencerro, y el caballar galopa golpeándose contra los maderos rollizos del corral. Los cerdos ingresan total en el lodo. En el cielo se dibuja múltiple vía de luces, y un estruendo estremece la atmósfera nebulosa. Las aguas del río, aún sin llover crecen arrastrando piedras, troncos, y todo en su cauce. Sólo los murciélagos y vampiros vuelan sonrientes.

El día siguiente aparece parsimonioso, sin ánimo de remover el color gris del cielo, y trae consigo: presagios perceptibles y un sol amarillo intenso sin irradiar calor. El frío posesionado del ambiente. El viento ahora se mueve lento. Las hojas de los árboles perdieron el brillo y apuntan a la tierra lánguida.

De casa en casa corre la voz informando: Belcebú capitanea motocicleta ruidosa, deja reguero de azufre. Viaja por los caminos de la montaña y en un instante aparecerá en las calles del pueblo para llevarse a un aliado.

Un día como hoy, hace cinco años, el veinte de diciembre, desapareció una muchacha que se quejaba de haber sido ultrajada por el párroco cincuentón.

Los acontecimientos reavivan el murmullo en menoscabo de la santa autoridad. El religioso recuerda el agotador trabajo calmando a la feligresía.

"La historia fue calumnia de la ramera y por pretender burlarse de dios fue enviada a los infiernos, e igual fin tendrán quienes hagan eco de la falacia"- repitió en aquel entonces el sacerdote, entonando amenaza, desde el púlpito, blandiendo el dedo admonitorio de su única mano; sin certeza de que el auditorio creyera en el pudor clerical, pero convencido de su triunfo, al seguir ostentando la jefatura del vicariato.

El eclesiástico, nervioso y exaltado, intuye nuevo enfrentamiento con el espíritu maligno. En su oficina planifica los oficios. Toda la noche la transcurre despierto, atento al tumulto externo. Cree que otra vez saldrá victorioso. No imagina el desenlace.

Manda repicar las campanas a las cinco de la mañana. De inmediato acude la beata de su confianza: señorita sin familia, frustrada en amores, cara redonda ensimismada, cincuentona, de piel blanca lustrosa, pechos grandes, caderas anchas, nalgona, carne rolliza, sólida, de la cual exhala fragancia de jabón. Ella decora el altar, con mayor esmero. Se nota nerviosa, a punto del llanto, le tiemblan las manos, la frente suda.

Media hora después, al tañido prolongado de las campanetas se presenta la población; asustada por el paisaje tétrico, no vaciló en atender el llamado. Las mujeres jóvenes habían desechado la chalina, ahora la lucen sin levantar el rostro. Los hombres se arrepienten de sus borracheras y lascivias cotidianas en el lupanar. La esposa aprovecha para recriminar al marido, y le obliga a prometer cambiar sus malos hábitos el año venidero, a sabiendas que siempre es igual por esta época.

En su homilía, el clérigo enfático manda a las familias adineradas incrementen la limosna. Sobre ellas recae la responsabilidad del presupuesto, para dotar a la curia de capacidad de ahuyentar las amenazas demoníacas. Les recuerda: “Por gracia de dios son bienaventuradas, y en momentos difíciles como el actual se prueba la fidelidad y el agradecimiento del ser supremo”. A las demás personas las acusa de inconformes, se resisten a la vida miserable que la divinidad les ha encomendado llevar con fe, para encontrar la dicha en el paraíso.

Luego del sermón, la gente dirige su instinto a programar las celebraciones paganas, aunque comentan las advertencias sacerdotales y los sucesos. El peligro anda suelto, pero el temor no detiene la excitación que provocan los placeres mundanos.

Navidad marca el pasado, presente y futuro de los individuos: es de arrepentimientos, alegrías, recuerdos, lágrimas y sonrisas, promisión y esperanzas, viandas y regalos, rones y carnes, besos, abrazos y sexo. Cada cual festeja según su ínfula económica. Hasta los incrédulos se dejan llevar por la algarabía opípara.

Las tiendas saturadas de artículos. Los comerciantes inflan la campaña de consumo. Para ser buen hijo, amigo, padre, hermano, yerno, novio, esposo, amante, o cualquier ser afectivo, debe alardear obsequiando lo mejor en su nivel.

Centenares de personas recorren los estantes: ven, tocan, huelen, y cotizan las mercancías, sacan cuentas y consultan con intención de cumplir la norma social. Algunos compradores admiran atónitos las bellezas inalcanzables en el presupuesto; se atreven a preguntar el valor sabiendo que no pueden adquirir los caros objetos.

Varios transeúntes seleccionan prendas para casamiento, primera comunión, y bautizos. Los más pobres han ahorrado todo el año, prestado dinero o empañando menaje, además destinado el aguinaldo, para efectuar un sueño de toda la vida y elevar el prestigio regocijando a la familia. Con rigor escogen el vestuario que modelarán los días más importantes, para sentirse al más alto nivel de su horizonte, en competencia con la vecindad.

Quienes reservaron la mesa del club ostentan la abundancia. Son seguidos por uniformados cargando grandes cajas de diversas marcas famosas y encarecidas.

Los pordioseros se ubican en los pasillos; aprovechan el temor de las personas caritativas, quienes -recordando la prédica del pastor y la indulgencia- regalan algunas monedas; sin embargo a los menesterosos: uvas, manzanas, y golosinas les rasga el apetito que no podrán saciar.

Los infantes se aglomeran en la juguetería demandando a sus padres la adquisición de todo atractivo, incitados por un nativo disfrazado como anciano gordo, blanca barba, botas y traje rojinegros; rodeado de canastas embaladas con celofán conteniendo galletas, dulces, jugos, licor, y los ingredientes para preparar apetitosa comida indigesta.

En las ventas, los cánticos religiosos alusivos a la fiesta y los paganos suenan a elevado volumen; inspiran sentimiento contradictorio de benevolencia y codicia, en medio de luces intermitentes de múltiples colores formando figuras simbólicas.

Con la barahúnda, en la noche de advenimiento, se apagan los gritos prolongados y espeluznantes de la Llorona, aun cuando rebotan en los cerros: ¡Aquí vaaaaa.! ¡ Aquí vaaaaaaaaaa! y el silbido constante de la Cegua huesuda, túnica blanca, cabellera rizada como de cabuya. Las inclinaciones a los deleites mundanos, de comilonas, bebederas y sexo, también omiten a la mujer que en el cementerio se convierte en mona –para brincar en los tejados, sacudir las aldabas de las puertas- y en perro para despistar a unos pocos envalentonados perseguidores ebrios.

Sólo el párroco no supera los nervios, se incrementan con le ánimo depresivo de la beata virginal. Ella acude al confesionario, después de la misa nocturna, el propio veinticuatro de diciembre. Palpita el corazón como volcán en erupción.

“Diciembre me atormenta padre. No soy feliz. Me hago la fuerte, pero la soledad y la falta de cariño me vencen. Durante las noches tengo sueños pecadores y en este mes es peor, cuando veo a toda la gente en fiesta. Hasta dudo padre... que dios me quiera... pues no se apiada de mí. La vida no ha sido fácil para mí, aquél novio que tuve cuando cumplí quince años... Mario... me dejó porque no le di lo que él quería, luego vino la muerte de toda mi familia y quedé sola... usted sabe, yo soy mujer”-.

Y luego de varias horas de remembranzas y lágrimas, reprimidas y consejos, llega el consuelo. Cuando brilla espléndido “Lucero del Amanecer” (en lengua mayangna le nombran Yaringni) el cura y la señorita dominan sus penas, responden a su esencia terrenal; con la intensidad máxima de las emociones, ella emite prolongado y gozoso gemido sulfúrico al mismo tiempo que los dos cuerpo desvanecen.

Diciembre 1991

Matagalpa

Poema de Allan Stuart Almendárez

(A inicios de los años 80 del siglo pasado)

CREO EN EL SILENCIO

Creo en el silencio de los besos
voraces como tigres,
o serenos como palomas…

Creo en el silencio
de la montaña fértil {vegetal levadura
que emerge callada y fuerte…

Creo en el silencio
de las hormigas doradas
diminutas laboriosas
hilvanando arterias
en la piel de la tierra…

Creo en el silencio
de la luna girando
del lucero que palpita
de la vida en movimiento…

Creo en el silencio
de tres margaritas encendidas
que se fugaron en la tarde…

Creo en el silencio de tu mano
siempre y cuando
esté cerca de la mía…

Allan David Stuart Almendarez, amante del arte, la música la poesía y el teatro… de gran sensibilidad humana, siempre soñó con mejorar la vida de los más desposeídos y más humildes…. siempre soñó con una sociedad justa y una vida digna para todo ser humano. Nació un primero de Mayo del año 1963 y murió siendo muy joven un 3 de Noviembre del año 1985, no logró ver su sueño hecho realidad…. y aunque viviera…., lamentablemente no lo vería todavía….

Foto y texto tomado de Douglas Marshall Stuart Almendárez.

Poema de Henry Briceño

TOQUE DE QUEDA.

Era tarde. El sol había muerto.

La luna había nacido.

La zozobra más aguda.

La noche lenta.

La gente en sus casas

Afuera los Guardias.

Afuera susurraban.

Susurraban palabras tenebrosas.

Calaban los huesos

Ponían la “piel de gallina”.

Adentro no se hablaba

Nomas gesticulaciones

Había pánico, traumas.

Rabia. Decisión. Coraje

La televisión apagada

La radio silenciada

La verdad en canal exterior

La mentira en cadena nacional

Por orden del criminal General.

Nos presionaban. Arrinconaban. Asesinaban. ¡Peor!

Al amanecer la lucha será más fuerte. Arrecha.

Imposible domarnos con Garand, Galiles y M-16

Los Push and Pull desde el cielo enviando la muerte

Nos invitaban a luchar. A crear y ganar

La pesadilla tendrá su fin.

En Nicaragua las mismas noticias.

El tirano redundaba.

Afuera la lluvia

Las gotas salpicaban en el casco del Guardia.

Del Guardia Somocista

Y la sangre del hermanito o hermanita

Un ratito después salpicaba la metralla del asesino militar.

La noche pasaba

El día llegaba.

Nos hacíamos hombres.

La lluvia lenta…

Había toque de queda en Nicaragua.

Septiembre 16 de 1978/11:28 Pm

Bello Horizonte No. G-III-32

Casa de Seguridad

Fotografía tomada de El Nuevo Diario.

Narrativa de Rafael Casanova Fuertes

Soltame a mí y amarrá a este

Las hermanitas López eran unas mujeres excesivamente caritativas, muy cristianas, dejaron gratos y buenos recuerdos en Rivas. Muy bellas, pero se quedaron solteras, dueñas de grandes extensiones de tierras, bienes inmuebles, ganado, ellas eran descendientes de una de las familias mas antiguas y pudientes de Rivas. Además de crear huérfanos y niños pobres, asumieron la caridad de hacerse cargo del cuido de enfermos mentales.

La casona ubicada en el centro de la ciudad donde fue el antiguo Instituto Nacional Rosendo López, fue uno de los centros de abastecimientos más importante del istmo de Rivas durante muchas décadas. Al fondo de la casona estaba una de estas personas, se trataba de un enfermo mental originario de Belén. Chirrín… Chirrín… sonaban las cadenas ante su paso, era un loco agresivo, siempre tenía sus ojos fijos en las personas que compraban y en los transeúntes, por esa razón se justificaban las cadenas.

La casona no solo era un peregrinar de marchantes y clientes sino también de mendigos que siempre encontraban la mano caritativa de alguna de las hermanas López para tenderle una moneda de a centavo.

Aquel día era de mañana cuando ante los barrotes de la casona asomó un mendigo con su indumentaria, una cotona blanca toda manchada y gastada, al igual que un pantalón azulón desteñido lleno de parches, cabeza cana, de piel morena y antes de que terminara de decir, “una limosna por el amor de Dios”, una de las hermanas se adelantó y depositó en su mano una moneda de a centavo, pero lo extraño fue que el limosnero la rechazó “no es eso lo que quiero” le dijo.

Esta bien un momento, le dijo la niña Susana cariñosamente llamada niña Susanita, mientras tomaba un enorme plátano maduro y se lo llevaba pero se lo encontró con la misma respuesta y la expresión negativa del viejo limosnero “no es eso lo que quiero” con cristiana paciencia retornó la hermana y regresó con una libra de arroz y una libra de frijoles empaquetada pero se encontró con la misma respuesta “no es eso lo que quiero”.

Esto incomodó por fin a la caritativa dama que ya enojada lo interpeló: entonces decime que es lo que querés? Para sorpresa de la dama y de todos los presentes el mendigo alzando la voz dijo en voz alta: quiero un plato de comida caliente, arroz, frijoles y un huevo frito. Mas, para mayor sorpresa de todos la solución vino del interior de la casa chirrín, chirrín sonaron las cadenas, el enfermo mental mientras se lanzaba una sonora carcajada dijo estas palabras: “Susanita soltame a mí y amarrá a este que no ves que está mas loco que yo” ¡Ay Dios miyo -dijo un cliente entre risas con claro acento campesino- es verdad lo que dicen que los locos y los chavalos dicen la verdad.

Rivas La Puebla 1994

Foto: Sergio Simpson. Narrativa del libro: Desde Rivas con humor.

Cuento de Oscar Terán Dubón

¿Y…S I H U B I E R A S I D O?

El abuelo reflexionaba sobre el cambio de hora que se avecinaba en este país, que le había dado albergue, tranquilidad, éxito, pero sobre todo, más vejez. Había soportado el cambio de ambiente, de costumbres, de gente, de idioma, de clima, de flora y fauna. Su mente y cuerpo aceptaron los trastornos que al principio, le causaron los cambios de la fresca y florida primavera, al calor sofocante y relativamente lluvioso del esperado verano, que a su vez, en pocos meses convertiría el verdor de las hojas de los árboles , en dorados colores, cuya belleza moriría al caer al suelo y degenerarían en la tierra que les dio origen, o serían deshechadas con desprecio en toscos basureros. Esas moribundas hojas abandonaban las ramas quienes fueron su sustento, las dejaban vacías, sin obstáculos visuales, tristes, desnudas, a la espera de un nuevo ropaje que las engalanen. El Otoño ha preparado a la naturaleza, a la llegada del frío invierno, que distanciará los árboles al poseer infinitamente menos hojas, que desprenderá ramas al violentarse sus vientos, que evitará la multiplicación de las flores al imponer un férreo natural control de reproducción, pues no habrá polinización al matar o alejar a los amigables insectos que transportan el origen de sus vidas.

La fauna terrestre, conejitos, zorros, ganzos silvestres y otros, estará ocupada en su sobrevivencia y desaparecerá de nuestra vista. Los pájaros y aves mayores se cuidarán del frío y asegurarán su sustento ya sea en la protección de sus rústicos hogares o migrando temporalmente en busca de su natural convivencia.

Los vecinos, amigos y familiares, se saludarán con infrecuencia, correrán a sus trabajos, volverán ansiosos a sus hogares en noches más oscuras y juveniles, que impedirán la cercanía, el saludo verbal o manual con los vecinos, el “ How are you” tradicional, el observar la prosperidad de las plantitas y flores alrededor de nuestros hogares, el ver correr en nuestros patios los mismos o nuevos animalitos. Entraremos presurosos a nuestras casas a calentar nuestros cuerpos.

El abuelo pensaba en el cambio...-¡ qué extraño todo ésto !, lo he visto por años y sigue igual, algo se acaba, otro algo comienza para morir en el mismo momento, que otro momento le da espacio a una nueva condición, que exitará al nacimiento de quien habrá de sustituirla y esta última a su vez, cerrará el círculo con su muerte, al darle inicio a ese algo que se acabó primero.

-¡ Oh !- murmuró el abuelo, -parece que mi pensamiento me está llevando a mi inicio, a mi antes, a mi no partida Y A LO QUE HUBIERA SIDO de no estar en este presente. No estoy seguro del presente, menos del futuro, ¿ es acaso igual a destino ?, ¿ igual a horóscopo ?. ¿ El movimiento de mis pensamientos harán realidad el tiempo, o el tiempo tiene que mover mi cuerpo, mi razón, para que mis pensamientos, mis dudas, mi presente, mi antes, mi después que aún no lo concibo, se conviertan en realidades cognoscitivamente tangibles ? .

El abuelo estaba exhausto, perplejo, tímido en sus respuestas que no tenía, para contestar a sus propios pensamientos.

Mejor, se dijo - haré una pausa para seguir pensando,- mientras consultaba con fijeza el mediano calendario que tenía sobre la pared de su incómoda oficina.-¡Está cerca !, ¡ está cerca !- se dijo,- se terminará el Otoño y entrará el Invierno, pero los hombres prepararán ese cambio, jugarán con el tiempo y por supuesto con el movimiento de la naturaleza, con el movimiento de sus propias vidas.

Estamos al inicio de Noviembre y moverán la hora. El abuelo reconoció que no pudo prolongar el reposo de sus pensamientos, de sus reflexiones, que no se subordinaron a la orden de la voluntad del anciano, para extasiarse, frenarse, quedar impávidas, extáticas, no moverse, cuando el tiempo exigía movimiento. En pocos días, 7 de Noviembre, habría cambio de hora, a las dos de la mañana todos los relojes se cambiarán a la 1.00 a.m.

-¿ Pero qué es ésto ?- meditó con admiración el abuelo, -los árboles y hasta los animales no sentirán el cambio, dichosos, son apenas sensitivos, pero para nosotros ¿ qué será ?, ¿ acaso lo que pasará a las dos de la mañana del 7 de Noviembre lo viviremos a la 1.00 a.m. ?. ¿ O ese presente que estaremos viviendo a la una, lo moveremos para vivirlo a las dos ?. ¿ Qué es esto del tiempo y del movimiento ? - se preguntó el abuelo sin entender su propia pregunta.

Pensó nuevamente en el ayer, en su presente, en ¿ y… si hubiera sido ?, como queriendo haber caminado por otros rumbos, pensando que si hubiera transitado por otras veredas ¿ hubiera sido su presente el mismo y su futuro sería consecuencia, efecto, de su causa presente o de su causa de si no hubiera sido ?.

El abuelo estaba cansado, cada vez se le acumulaban más preguntas, de las que no sabía a qué o a quién recurrir para acercarse lo más posible a una contestación correcta. Lo asaltó un nuevo pensamiento: -¿ y el futuro ? ¿ irá atrasado una hora en este venidero año, o viviremos una hora con el presente detrás del futuro que se nos adelanta ?. Pero el futuro nos dirá : no se preocupen, yo sé lo que tengo que hacer, mi camino está trasado. Entonces ¿ el futuro es lo mismo que el destino ?, ese ente invisible que está definido desde nuestro nacimiento. ¿ Es un horóscopo que presagia por adelantado lo que nos pasará ?. ¿ Es una predestinación sabia de un ser superior ?.

El abuelo estaba solo, callado, meditabundo, sintió sueño que le hizo inclinar hacia abajo la cabeza, pero ese sueño no logró dominar los enredos que producían sus ideas en movimiento y levantando nuevamente la cabeza, fijó sus ojos ahora inconscientemente sobre el día 7 de Noviembre que le presentaba el calendario frente a él.

Foto y texto proporcionado por el autor. Fragmento del cuento.

Narrativa de Henry A. Petrie

Comprobación

-¡Somos obra de los extraterrestres!.. -gritó en la conferencia.

Entre el auditorio, y sólo por mofa, una periodista pidió pruebas irrefutables.

-Dios -respondió, y comenzó a descodificar.

Abril 2005.

Rapto y engendro

Después que dio muerte al dios, raptó a la diosa y montaron en el rey de los zopilotes. Volaron largas distancias, hasta que el mortal engendró otro Mesías.

Noviembre 2004.

Cainiano

- Vení pipito, juguemos.

Caín buscó el juguete donde siempre lo dejaba papá. Abel, inquieto, esperaba que su hermano le enseñara el nuevo juego.

- Esperate pipito, que mi papi le hace así, y así…

¡Bang!

Desde la cocina se desprendió Eva y los vecinos se amontonaron curiosos y asustados. Entre el tumulto y la confusión, Caín tira al piso el juguete y se acerca a la madre atacada en llanto, sin entender.

- Mamita, mamita, si sólo estamos jugando.

Septiembre 2003.

Insaciable

¡Claro que tuvo un nombre! Sólo que ahora no lo recuerdo. Pero era un hombre adicto al sexo, cuando no era con mujeres resolvía con homosexuales, cuando tampoco con éstos podía, se encerraba en interminables sesiones de masturbación hasta llagarse el pene. Llegó el día que se puso extraño, su apariencia desmejoró a paso acelerado. No se supo de él en un par de días, pero cuando se le encontró estaba tendido en el suelo, desnudo, con ojos abiertos y sobresaltados, junto a una joven mujer mustia y rígida, cuando en el cementerio cundió el revuelo.

Septiembre 2003.

Foto y textos del libro: ¡Cómo va creer!

Poema de María Fernanda Soto Joya

(Foto proporcionada por la autora)

Quisiera pensar que ni vos ni yo
vivimos de esa manera encontrada en la que vivimos,
ni vos ni yo nos cortamos los pulsos cuando los besos no están,
ni vos ni yo dejamos de vivir cuando los suspiros del otro desaparecen
ni vos ni yo
y estamos abatidos desde que amanecemos,
desvelados por esa insistencia en recordar cada detalle,
el olor del cuerpo,
un abrazo perdido,
tu susurro en mi oído,
el latir de ese corazón ajeno y propio
más ajeno que propio, claramente
más tuyo que mío.

Enero 2005

PUEBLOS DE MADRIZ Y NUEVA SEGOVIA NO SON CHOROTEGAS

Rafael Casanova Fuertes / Foto: Sergio Simpson. Rafael Casanova Fuertes Hay que profundizar en el estudio. Encomio estas aclaraciones. Los m...