lunes, 18 de junio de 2012

Los 76 años de Carlos Fonseca


Carlos cumpliría años el 23 de junio

No lo estudian, ni lo promueven en el Frente Sandinista. Sigue siendo un peligro para la clase dominante.  Hasta Daniel Ortega, en un emblemático rótulo, lo borró de la historia. La Casa Cuna refleja el escaso uso oficial de la simbología obviando contenido.

A varios jóvenes activistas, luciendo camisetas del FSLN, les he preguntado por Carlos Fonseca, y no analizan en tanto desconocen su obra intelectual, tampoco conocen su biografía, sus respuestas no superan referencias vagas, sin embargo comprenden que una de sus cualidades fue ser honesto.

Quienes le conocieron atestiguan que fue incapaz de vivir sin modestia, nunca malgastó el dinero de la guerrilla y como él fueron algunos, aunque no creo hayan sido iguales quienes le organizan la revuelta interna en los años setenta.

Fue cuestionado el pensamiento, análisis y propuesta, de Carlos, sin embargo tratan de ocultar el fenómeno, falsear la veracidad, y limitar su figura a esculturas horrendas en varios parques de Matagalpa, mantener arcaico el museo “Casa Cuna de Carlos Fonseca”, y ponerle flores en el mausoleo del Parque Central de Managua.

Al menos en Matagalpa, su casa natal debiese prestar condiciones como museo, con audiovisuales, video conferencias, ponencias académicas, y visualmente diseñado, que ahí se inicie un programa académico para la cátedra, método socrático.

Lo que algunas personas dicen de Carlos es: “si estuviera vivo apoyaría al comandante”, “ya hubiera mandado a la cárcel a un poco de sinvergüenzas”, “este sandinismo no es el de Carlos”, expresiones insustanciales en comparación con la magnitud del pensamiento de Carlos.

Carlos destacó la importancia de la crítica, es decir el derecho de cada militante a pensar y proponer con rigor: “Debe tener un auténtico espíritu crítico, ya que tal espíritu de crítica constructiva le da consistencia mayor a la unidad y contribuye a su fortalecimiento y continuidad, entendiéndose que una crítica mal entendida que expone la unidad, pierde su sentido revolucionario y adquiere un carácter reaccionario”.

Cada vez que leo ese párrafo, con esas construcciones gramaticales e ideas superiores, me pregunto cuántas personas le comprendieron. Es seguro que no entendieron su recomendación: Y también enséñenles a leer.

Si los pobres no aprenden a leer desde pequeños jamás lograrán vencer las injusticias, no tendrán instrumentos, conocimientos, para enfrentar y ganarle al sistema que le oprime. Carlos no dijo enséñenle el abecedario y a firmar.

A los gobernantes no les interesa que Carlos continúe influyendo en la sociedad, si no le temieran estuviesen divulgando su obra con el sello de las empresas editoriales propiedad del FSLN.

Pretenden limitar la figura de Carlos. En Matagalpa, por ejemplo, al pie de la estatua, en el parque Francisco Morazán, se destaca una placa que en la noche es iluminada intensamente por alógenos y se leen los nombres de varios directivos del gobierno del FSLN supuestos patrocinadores de la escultura.

Algunos sandinistas han rechazado el uso politiquero de la imagen de Carlos de parte de los funcionarios públicos ahí nombrados, pues deducen que su interés es hacerle creer a las personas que ellos son sus continuadores, sin embargo algunos militantes saben que lo borraron de los rótulos partidarios.

Para los veteranos sandinistas el Comandante Jefe de la Revolución sigue siendo Carlos Fonseca, sus principios son referentes de las aspiraciones revolucionarias; y es probable que algunos de ellos les transmitan a sus descendientes las cualidades y calidades “del mejor hijo de Augusto C. Sandino”.

Carlos construyó el FSLN, pero su programa ha sido desplazado, lo que él dijo comparemos con la actualidad: La conciencia colectiva, la conciencia de que es la energía de un conjunto de hombres lo que integra la vanguardia, es imprescindible en el espíritu militante. Ese espíritu colectivista, que lo sustenta la modestia, debe convertirse en una pasión en el militante Revolucionario.

La conciencia colectiva es conducta filosófica, sin sentido de propiedad, modesta; muy difícil de alcanzar sin una formación intelectual para asumir ese modelo de vida aun con las represiones del sistema y la sociedad.

En el FSLN no se vislumbran los preceptos de Carlos. Domina la ansiedad: mansiones, escaparates, jets, salones, comilonas, ebriedades, en el organigrama siciliano donde la individualidad es la coincidencia.

*Autor del libro: Reflexiones críticas desde el sandinismo.

jueves, 14 de junio de 2012

Nadie me obliga a trabajarle a otro



· Finca es diversificada, orgánica.
· Ha salido adelante con 10 hijos.
· Nunca ha quedado mal con crédito.

 
Las seis de la mañana la encuentra ordeñando vacas. Termina y va a darle de comer a los cerdos. Luego ella desayuna. Después se dirige a limpiar la galera “para que esté seca cuando vengan a dormir los terneros”. Por la tarde retorna a darle comida a los cerdos. Lava su ropa y resuelve asuntos de la casa, de la familia, nada sencillos. “Cuando toca inyecto a los animales... otras  veces tengo que partear una vaca... una cerda.”

Cincuenta y cuatro años es la edad de Paula Zeledón. “Aquí nací. Este pedazo de tierra es parte de la propiedad de mi papá” de 80 manzanas. En esa zona se crió en una familia de 8 hermanos, 3 hombres y 5 mujeres, al otro lado del río Guapotal, Pancasán. Creció cortando café y arrancando frijoles junto su madre. A la edad de nueve años ordeña vacas.

“Nosotros no estudiábamos, sólo trabajando nos manteníamos... arriando terneros... ahora no arreo pero ordeño... de aquí a unos años ya no voy a ir... me siento agotada.” Expresa Paula, serena, en el inicio de nuestra entrevista, apenados nosotros porque la habíamos ido a sacar de la galera, donde estaba limpiando y además le quitaríamos un poco más de dos horas.

El papá le enseñó a leer y escribir, sin embargo hasta cumplir los 15 años fue a la escuela en San José de las Mulas “me iba en bestia... me fui a quedar donde un hermano... yo soy una de las cumiches.” Se casó un mes antes de cumplir 18 años, en diciembre de 1967 y no siguió en clase.

“Todos nos casamos... no es como las otras que se iban... -agrega burlona- o se las robaban. Tenía varios enamorados... pero yo escogí el que quise. Nosotros hacíamos caso a los papás, y éramos religiosos... teníamos que cumplir con papás y con dios.” Se casaron en Matagalpa, “yo casi ni conocía, pero salimos en caballo muy de mañana y en la tarde llegamos al Tuma, de allí cogimos la camioneta de pasajeros, al día siguiente me casé en la Catedral.”

Comenzó de cero, sin propiedad

El matrimonio se traslada a una finca propiedad del suegro de ella. “Doscientas manzanas tenía el señor”. El marido sembraba maíz... ella criaba gallinas “el se iba al campo a machetear, yo le hacía la comida y se la llevaba”. Un día el suegro deja una vaca “para que se la cuidemos... entonces tomamos leche y hago cuajada”. Después el suegro “dejó cinco vacas y yo cuidaba los terneros”.

“Mi suegro me dio una ternera que tenía problemas en las patas “andaba así toda abierta... y yo la cargaba para que mamara... la salvé” por eso se la regaló. Otro día “una vaca está con la matriz de fuera, entonces yo agarré a la ternera mota... la cuidé y se la regaló a la chavala mía.” Su marido alquiló mil córdobas “y nos dedicamos a comprar cerdos para irlos a vender”. Paula recuerda muy bien un percance “al hombre que lleva el cerdo se le ahoga por jalarle duro el mecate... como pude le saqué la manteca y no perdí mucho.”

Ocho años transcurrió en esa finca. “Cuando vine aquí ya tenía cuatro chavalos. Esta finca valía 15 mil, son 21 manzanas. Entonces los amigos de mi marido le dijeron: te damos 10 mil pesos y luego sacás un préstamo en el banco” y como se habían dedicado a la venta de cerdo, la cosecha de frijoles y maíz “y vendimos un ternero que le dio el papá a él”, construyeron la casa.

“Era pelado... porque sembraban maíz... era quemado todo... destazamos cerdo para vender a la finca vecina, sacamos préstamo para sembrar café, yo me iba con los chavalos a llenar bolsas, contratamos a unos hoyeros y sembramos cuatro manzanas... cuando el café de nosotros estaba chiquito me iba a cortar café a otra hacienda para ganar algo.”

Mi marido no creía en las vacas

Con la cosecha de café, la siembra de granos básico, el comercio de carne “nos vamos ayudando, pero cuando le hacen la guerra a Daniel mi marido se va de reservista... en ese tiempo me mandaba mil pesos... y yo agarraba riales de las gallinas, de la cuajada... como ocho meses estuvo en Puerto Cabezas” y después en la UNAG... en la guerra “es que era político” explica Paula para agregar “y yo sufría sola con los chavalos.”

En los años 90 el marido de Paula obtiene 30 manzanas de tierra, 6 de café y el resto potrero. “Yo siempre cocinando y cuidando a los mozos.” Después su marido compró más tierra y llegaron a producir 900 quintales de café. “Pero él no me ayudaba con las vacas... no creía en las vacas.” Aunque años después las vacas de Paula contribuyeron a que el marido saldara una deuda financiera considerable.

Paula entonces, en 1992 decide ir a las charlas de un ONG, donde explican “cómo cuidar cerdos, las vacas, las enfermedades, atender parto y fue cuando hubo la necesidad de formar la Asociación de Ganaderos de Pancasán... embarazada iba a las reuniones... buscaba quien me cuidara en la casa.”

La eligen Secretaria de la junta directiva de la organización “a mi casi no me gustaban los cargos, pero no me quise quedar afuera” dice Paula quien reconoce que es puntual y activa “pero no soy preparada.” Consigue crédito de 8 mil córdobas pagaderos en tres años y cuota trimestral, compra dos vacas.

Saco 70 litros de leche diario

Mientras su marido se dedicaba al café “yo me ponía a desparasitar, ordeñar” y así fue comprando y vendiendo, creciendo el hato “por todo ahora tengo 30 vacas y 20 terneros, saco 70 litros diario... y lo vendemos a tres veinticinco el litro... ahora me siento más mejor porque le doy a mis hijos”,  que han sido trabajadores y estudiosos, pues los mandaron a estudiar a Matagalpa “una no se bachilleró porque no quiso”, son diez en total, “ocho que tuve y dos que adopté.” Algunos viven en Matagalpa.

Su propiedad produce café, granos básico, ganado, fruta, canela, pimienta negra, banano, aguacate, pejibaye, coco, huevos. Es manejada sin químicos “hasta mi marido se convenció de no quemar y que el café orgánico es más rentable.”

Sus logros han radicado en la diferencia con otra gente “que no le pone mente... no pone de su parte, mire nosotros nunca hemos quedado mal con los créditos... no dejo de pagar... tenemos de qué pasar... nadie me obliga a trabajarle a otro.”

Julio 2006, Matagalpa




jueves, 7 de junio de 2012

Prólogo: Jinotega, novia de la montaña


Guillermo Cortés Domínguez

En este nuevo libro de recopilación histórica de Eddy K‼hl, bajo el sugestivo, evocador y romántico  título “Jinotega, la Novia de la Montaña”, encontramos un notable esfuerzo inquisitivo por desentrañar el pasado antiguo y no tan antiguo, no de una ciudad, sino de toda una región: el norte y las segovias, es decir, de cinco departamentos: Nueva Segovia, Madriz, Estelí, Matagalpa y Jinotega.

Ya sabemos cuán esencial y determinante es conocer comprensivamente el ayer, para ubicarnos con seguridad y confianza en el presente y proyectarnos con firmeza y determinación hacia el futuro, como decía Hegel, aunque en Nicaragua, en algunos momentos opacos de nuestra historia, pareciera que no tenemos memoria o que somos desmemoriados, que somos expertos en repetir incansablemente los mismos errores, siempre los mismos, una y otra vez, equivocándonos, con torpeza,  como víctimas de una maldición eterna.

De manera estúpida perdemos el tiempo dando vueltas y vueltas, repitiéndonos, en un alucinante círculo perverso que, no obstante, debemos tener la esperanza, será roto más temprano que tarde por un poderoso punto de inflexión que tendrá que ser producido por la acción consciente e indetenible de una nueva generación de nicaragüenses.

Acerca del origen de nuestros pueblos indígenas, sus lenguas, su rica cosmogonía, y sobre su cultura en general, Eddy Kühl indica que recientes descubrimientos de estudiosos europeos amplían bastante más la visión que hasta ahora había prevalecido, tornando más complejo el análisis y abriendo más y más interrogantes, por lo que el autor de esta obra desafía a los estudiosos locales a que se incorporen al esfuerzo por desentrañar los misterios y secretos de nuestra historia, que, en vez de disminuir, parecen aumentar.

Entre los múltiples y enriquecedores datos sobre nuestros pueblos originarios presentes en esta obra, quisiera resaltar cómo, entre las estadísticas de los primeros censos de la autoridad colonial, Eddy Kühl identifica la desproporción entre la población declarada en cada lugar, y la cantidad de viudas y viudos. Esas estadísticas frías no lograron ocultar el bárbaro y criminal genocidio al que fueron sometidos nuestros antepasados.

De igual manera, Kühl pone de manifiesto los prejuicios y la ignorancia de los conquistadores y su punta de lanza, los eclesiásticos católicos, que exageraban hasta el ridículo la natural superstición y otras formas de pensar, y que reprimían a los indígenas por sus creencias y prácticas diferentes de la cultura que ellos trataban de imponer a sangre y fuego. ¡Que impusieron a sangre y fuego! El historiador rescata con sutileza cómo la represión obliga a los indígenas a potenciar su creatividad, su imaginación y sus habilidades, para tratar de sortear la amenaza que representaba un invasor autoritario, intolerante e irrespetuoso.

Aunque esta obra abarca cinco departamentos del país, hay un énfasis en Jinotega, y así vemos datos que dan pistas sobre los primeros asentamientos humanos de esta apacible ciudad, acerca del no comprobado pueblo indígena de Jocomico, también sobre el poblamiento del llano de La Tejera y, un poco más al norte, del  lugar actual que ocupa “La ciudad de los hombres y las mujeres eternas”. Un aspecto relevante son las referencias históricas que conducen a concluir  que los primeros pobladores españoles de Jinotega, así como de otros poblados, son parte del contingente de mujeres y hombres que huyeron de la original Nueva Segovia, fundada en 1543 y destruida en 1611.

En una obra que pretende destacar a Jinotega, no podía faltar una extensa referencia a uno de sus personajes claves: Patricio Centeno. En particular, Eddy Kühl expone, con deliberada preeminencia, como Centeno fue el principal artífice, el gran estratega y ejecutor del sencillo pero eficiente ardid militar que condujo a la crucial victoria sobre los filibusteros yanquis en la famosa Batalla de San Jacinto, cuando ya parecía inminente la derrota de los patriotas. El historiador sale así al paso de la incomprensible actitud de José Dolores Estrada -lo que no borra sus méritos propios- de escatimar la proeza del jinotegano de cabellos rojos y ojos azules. Una montaña de testimonios sepulta la ruindad de Estrada. Y en esta obra se reinvindica también a los indios flecheros de Matagalpa, como ya lo había hecho atinadamente Kühl en otro de sus libros.

Es conmovedor el testimonio del propio Patricio Centeno, quien al refutar categóricamente a Estrada, dice que no lo hace para gloria de sí mismo, sino por la verdad. La verdad y la honestidad, unidas de forma recíproca, tan esquivas actualmente, como quizás nunca en la historia nacional. “(…) Mi objeto es que no se mienta… y que el soldado sirva con lealtad y gusto, sin quitarle o ponerle al digno lo que se le debe de justicia, dándole al que no merece la gracia de que no es digno,  (…)”, son palabras memorables de Patricio Centeno.

No podía ignorar Eddy Kühl al único Presidente jinotegano de la historia, Bartolomé Martínez, nacido en El Lipululo, de quien destaca su linaje indígena, así como su patriotismo, su capacidad administrativa y su honestidad a toda prueba, “pues hizo respetar nuestra nacionalidad y recuperó para Nicaragua el control del Banco Nacional, los Ferrocarriles y las Aduanas”. (Kühl: 2011). Este hombre merece un gran monumento, y más que eso, merece ser emulado. Deberíamos ser como él.

En la parte final del libro, el historiador aporta información sobre la introducción a Jinotega del cultivo del café, los principales caficultores y los nombres de las haciendas cafetaleras más conocidas; también síntesis biográficas de personajes, de familias, de escritores y otros artistas, así como de alcaldes y políticos.

Como suele ocurrir con los textos de historia, en “Jinotega, la Novia de la Montaña”, al igual que sus antecesores con obras sobre esta ciudad, como Simeón Jarquín y Ramón Pineda, entre otros,  Eddy Kühl abre el camino para que otros investigadores continúen avanzando en el descubrimiento y valoración de nuestro pasado. Quizás tanto desconocimiento sobre el ayer, es lo que explica por qué hoy aun no hemos logrado salir de la pobreza y el subdesarrollo. Pero con obras como ésta, recobramos nuestra confianza en un futuro promisorio que no estaría muy lejano.

viernes, 1 de junio de 2012

La agresión a combatientes sandinistas


Foto tomada del diario La Prensa

¡Indigna! ver la imagen de un ex combatiente sangrando de la cabeza, conducido del cuello por un policía, como si fuese un delincuente, ayer cerca del aeropuerto, sólo por reclamar sus derechos ganados arriesgando la vida y dejando a su familia para defender la Revolución Popular Sandinista.

La lucha de los años ochenta, en Nicaragua, enfrentando al imperialismo yanqui, fue dura, llena de sacrificios en las montañas, caminando bajo sol, lluvia, viento, y balas, mal comidos y mal dormidos, con la esperanza de construir un futuro mejor para la sociedad.

¿Pero cuál es el presente, futuro de ayer?  Soldados heroicos viviendo en pobreza, sin posibilidades de bienestar para ellos y su familia, ahora con nietos, enfermos por las secuelas de sus sacrificios.

Y los que están en el gobierno, llamándose sandinistas, deprecian las hazañas de quienes batallaron para que en la actualidad unos cuantos sean millonarios consumidores de un modelo clasista y por tanto excluyente y facineroso.

Varias veces he escuchado argumentar, a quienes ocupan cargos en el partido FSLN y gobierno, que los sacrificios del pasado “ya pasaron, son historias” y también afirman “que no hay para resolverle a tanta gente”, y “que esos viejitos ya cumplieron su papel”, pues “el partido se está nutriendo de la juventud”.

Son descabelladas esas declaraciones, máxime cuando las brindan quienes jamás asumieron su militancia en el frente de combate y ahora ostentan lujos adquiridos  con prácticas deshonestas, oportunistas.

¿Cómo no va a tener dinero el FSLN y su gobierno para resolverle la vida a compañeros y compañeras? Son millones de dólares los que administran y otros tantos los gastan en banalidades del consumo: latifundios, mansiones, empresas, francachelas y viajes costosos.

Los combatientes demandan una digna pensión del seguro social (pues cotizaron, estaban en planilla estatal), veinte manzanas de tierra y dos mil dólares para invertir. Reclaman poco en comparación con lo que merecen y lo que otros acumulan debido a su vínculo con el poder partidario y estatal.

Es demasiado riesgo no reconocer esos derechos de “los viejitos”, mucho más agredirlos. Los combatientes unidos están en capacidad operativa de paralizar el país, y con justa razón. Han tenido paciencia, desde 1990 esperando la reivindicación de sus derechos y gestas, con la promesa de Daniel Ortega de reconocerles cuando volviera a “gobernar desde arriba”.

Pero ha transcurrido seis años y muy poco, o casi nada, han recibido quienes con sudor y sangre simbolizaron la epopeya liberadora para derrocar a la dictadura somocista y defender en los años ochenta los principios revolucionarios basados en la justicia social.

Los gobernantes deben tener presente que estas personas no han perdido los principios por los cuales llevaron al máximo su proeza, no los pueden minimizar ni comprar, mucho menos corromper como si fuesen siervos.

Una de las cualidades del sandinismo de Carlos Fonseca fue instruir a la militancia, enseñarle a reflexionar sobre las injusticias y actuar para erradicarlas aún con los sacrificios que soportara. Estos militantes, agredidos por la policía, por el sistema de gobierno, están viviendo limitaciones económicas, desprecio partidario y social, y perfectamente analizan su situación.

Algunos defensores y vividores del sistema me han dicho que esas limitaciones económicas y físicas, por sus dolencias, no les permitirá, a los combatientes, organizarse y emprender acciones de presión más fuerte.

A esos voceros justificadores de la barbarie, les respondo y les advierto siempre, y ahora: ¡Cuidado, con la dignidad del combatiente sandinista no se juega! No son borregos, lucharon para mejorar.

También les recuerdo la célebre frase de Bernardino Díaz Ochoa, uno de los máximos dirigentes campesinos, asesinado por la Guardia Nacional: No somos aves para vivir del aire, no somos peces para vivir del agua, somos hombres para vivir de la tierra.

*Autor del libro: Reflexiones críticas desde el sandinismo.

PUEBLOS DE MADRIZ Y NUEVA SEGOVIA NO SON CHOROTEGAS

Rafael Casanova Fuertes / Foto: Sergio Simpson. Rafael Casanova Fuertes Hay que profundizar en el estudio. Encomio estas aclaraciones. Los m...