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Sergio Simpson y Xochitl Sarmiento. (Foto: Mauricio Midence) |
Cuando recibí la
novela en formato PDF la abrí emocionado. Después de varios meses esperándola
ávido. Inmediato temí prejuiciarme. La leí dos veces, electrónica y en papel,
para atestiguar racionalmente como lector aficionado.
Es que a la autora
conozco desde niña; podría afirmar que la vi durante dos décadas; supe de su
disciplina de alumna aplicada hasta su graduación universitaria; en su
adolescencia la escuchaba expresarse en un programa radiofónico y la evaluaba
con mi manía de antaño pues trabajé en radioemisoras.
Creció entre
periodistas y escritores que posiblemente influyeron indirectamente o
acompañaron su motivación a pensar, conocer, comunicar, escribir, y por
supuesto ¡superarlos!
Para su segunda
licenciatura se matriculó en comunicación social, y debo decir que además
estudió francés.
De ahí mi cariño
especial y admiración por esta chavala bien portada e inteligente, bastante
lejana del común, de carácter firme, con criterio selectivo, este libro también
reafirma cuan empecinada es con sus propósitos.
Es un privilegio
acompañarla en la presentación de su novela primera, sabiendo que pronto
terminará otra, entre muy pocas o casi inexistentes jóvenes escritoras
novelescas de Matagalpa y el país.
Por esa razón temí
sobrevalorar esta novela de 447 páginas, cuyo contenido exhibe intenciones
personales y relaciones sociales para bien o perjudicar, intimidades familiares
ocultas al público y detalles de fogosidades amorosas sin reparo durante el
siglo 18 con influencia inglesa y francesa.
Un tema nada nuevo,
puesto que escritores de renombre han expuesto magistralmente la cultura de esa
época, en su tiempo experimentado, y por atributo persisten los textos
convertidos en clásicos. No necesito mencionarlos ni comparar esta novela con
las otras.
Si la hubiera leído
antes de publicarse, mi recomendación sería enviarla a un concurso editorial de
renombre, y no exagero si la valoro apta para ser filmada.
No es de ligereza crear
historias adentrándose en escenario rural y citadino europeo, la campiña y los
aposentos; detallando certeramente conceptos, vocabulario, vestuario; inmiscuirse
magníficamente en relaciones humanas entre nobles, lacayos, campesinos, intrigas
palaciegas dañinas y sanguinarias.
Cuando no eres
testigo, con rigor investigas el período, anotas, imaginas, y al redactar sientes
al extremo de alternar las propias emociones con las de cada uno de los
personajes que trazas, por muy distantes o disímiles o antagónicos que sean del
prosista.
Xochitl presenta a
las personas que desprecian a otras, a las agresoras, a las soberbias, a las
bondadosas, a las rectas, a las crueles buscando lograr sus maquinaciones, a
las víctimas sufriendo.
En Xochitl
encontramos dominio narrativo,
construyendo capítulos cortos con entradas y cierres bien pensados incentivando
expectativas. Despliega excitaciones de quienes pierden la cordura desafiando
las normas éticas, violentándolas por amor, entregándose sin controlar la
pasión, so pena las señoritas de la denigración y condena social, el destierro
por la pérdida indecorosa del himen.
En ese contexto
amatorio, de por medio la moral y el prestigio, surgen contradicciones familiares,
apañamiento o represión, el ocultamiento de las actuaciones humanas que siempre
han existido y posiblemente nunca sean superadas por la mayoría.
La madre encubriendo
a su hija casada copulando con amante por el ansia de escalar hacia superior
estatus social y financiero.
Para siempre es el
amor hacia quien tiene cerca, extasiada lo ve evitando descubran sus vibras que
alteran su mirada y emana energía del cuerpo hasta que es imposible reprimirse
y lasciva besa y abraza sin censura, a escondidas en la alcoba o en la oficina
de la mansión.
Xochitl eleva ese
encuentro corporal candente cuya descripción del encuentro sexual nos conduce a
imaginar o recordar la dolencia y la delicia, un acto orgásmico natural
inevitable, que sonroja o motiva.
Como derivación del amor ilícito
llega el sufrimiento tembloroso, amantes lagrimeando por las noches recordando
el gozo, gimoteando en soledad, entre sábanas húmedas.
Él, incrustada en su memoria la desnuda
estampa bella y hermosa de la hembra, el rostro complacido; ella sin poder
olvidar la voz imponente seductora, las caricias tiernas y la potencia varonil
en su entraña… ahogándola, irrigándola, conduciéndola a la plena satisfacción.
El desenlace inesperado de esta
historia conjuga actos malévolos y criminales, en un ambiente persistente de ese
amor aferrado para siempre.
Muchas gracias.
Sábado 10 febrero 2024
Rincón de los suspiros agónicos.
Matagalpa.
Sergio felicitándoles, a ella por su novela que espero leer una vez la compre, y a vos por tan excelente presentación de la autora y de su novela.
ResponderEliminarGracias. Saludos.
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