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Barrio Pancasán, Matagalpa. / Sergio Simpson. |
Casi diario la veo pasar. Hermosa estampa caminando, antes
de salir ella de nuevo se mira en el espejo, de frente y de espalda, y
comprueba que luce espléndida.
Ningún hijueputa del barrio se aviente a enamorarme a la
chavala, le parto la vida - grita el hombre de la casa en la acera para que se
propague la amenaza mientras consume ron y las rancheras suenan.
Ella con casi nadie se relaciona en la vecindad. Pocas
veces visita la venta o la fritanga, en los alrededores se mantiene una
pacotilla de piropeadores que se alteran y jamás callan cuando la quedan viendo
lujuriosos.
Adiós señorita, con todo respeto, es usted una
virgencita, la felicito -es el único mensaje que le llama la atención.
Esforzándose por ocultar la sonrisa ella distingue de
reojo a quien la complace. Reconoce su voz porque es el que últimamente
encuentra y también le oye llamarla princesita, angelito, diosa, y le promete
hacerla feliz, más feliz que las reinas.
Ella reacciona intranquila, le cae mal, pero siete pasos
después supera el enojo y voltea a ver sonriendo.
*Escritos callejeros.
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