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Fotografía en un barrio. / Sergio Simpson |
Date cuenta. El marido se mantiene de acá para allá, en
su empresa distribuidora. Le va bien, es propietario de una buena casa de dos
pisos con terraza, varios vehículos, con mujer de espectacular cuerpazo y
deseos de vivir intensa, no sometida.
¿Qué te imaginás vos Deyanira? ahí es donde la caga ese hombre, no atiende a
su mujer y el vecino de enfrente, el pintor, la anda cuiniando, no pierde la
oportunidad para quedarla viendo y saludarla, tan pronto ambas casas están
frente a frente, y él sin camisa, en calzoneta corta, se mantiene trabajando en
el segundo piso con grandes ventanas de vidrio.
Como todo mundo se mete en la vida privada del otro, todo
mundo comenta, en las pulperías, tortillerías, panaderías, en las gradas, en la
parada de bus, en las cantinas, en el barrio y en la colonia hablan de lo
mismo.
Fijáte, es que el hombre se pierde tres o cuatro días a
la semana o hasta quince días cuando va a entregar mercancía a los municipios
de la montaña y donde los miskitos.
Pero ese hombre después de haberse cachimbeado, regresa
con productos del campo que ha venido comprando en el camino, a precio barato
para sacarle ganancia, satisfecho con la cartera llena, pero tan cansado que en
el aposento se dedica a roncar.
Nota: Fragmento del libro ESCRITOS
CALLEJEROS.
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