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Matagalpa, 15 de mayo 2018 |
A las diez de la mañana, del marte 15 de mayo, me avisan que la policía ataca a quienes están en la barricada en el puente de la salida hacia Managua. Veo un video en facebook, donde avanza la tropa de la gobierna y una señora le grita “asesinos… dejen en paz a los chavalos”.
Decido ir al terreno. Me voy caminando hacia el oeste de la ciudad y sigo escuchando disparos de morteros y algunos tiros de fusil. Un motorizado se detiene y me grita: “Estos hijueputas están matando a la gente”. Se altera mi sistema nervioso, pero sé que debo mantener control.
Pienso que podré morir. No llevo arma y no tengo la agilidad requerida en estos casos. ¿Qué importancia tiene que vaya a ser testigo de la masacre? ¿Para escribir un nuevo libro? ¿Para comunicar que una parte del pueblo está insurrecto? ¿Para que me sigan ofendiendo y amenazando seguidores de la gobierna? Ni me pagan por escribir. Bien podría irme a refugiar a una hermosa casa rural de un amigo en la montaña.