Reprimir a
la población, por pequeño que sea el número de protestantes, genera más
inconformidad entre la ciudadanía. Eso lo sabe la generación que vivió la
guerra contra la dictadura somocista y el gobierno sandinista de los años
ochenta.
Sin embargo,
el Señor Presidente Daniel Ortega, su señora, olvidaron, y sus seguidores
jóvenes parece desconocer la ira colectiva que provoca la golpiza,
encarcelamiento, tortura, y muerte de opositores. La historia de Nicaragua es
de insurrecciones.
Para
mantener al Frente Sandinista con cuotas de poder, y los beneficios económicos
de la cúpula, luego de la derrota electoral de 1990, Daniel Ortega recurrió a
paros de transporte, sublevación de universitarios, motines y destrucción en
las calles, toma militar de ciudad Estelí, robo a bancos, y otras acciones
bélicas.
