Me
estremeció la sentencia contra Lottie Cunningham, presidenta del Centro
por la Justicia y Derechos Humanos de la Costa Atlántica de Nicaragua
(Cedhjucan). Recordé a la chavala que conocí a inicios de 1982 trabajando
entusiasmada en labor social con el pueblo miskito, arriesgándose en un escenario
de secuestro, tortura y muerte.
Aunque
hace años no hemos coincidido personalmente, he leído y escuchado acerca de su
compromiso con la justicia para que se respeten los derechos de habitantes
caribeños, en ese territorio donde perdura el enfrentamiento armado y el
gobierno niega falazmente o el matrimonio presidencial falaz niega. Colonos
mestizos y madereros invadiendo tierras y asesinando, coorrompiendo.






